Chevrolet Biscayne 1958, capsula de tiempo

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Fabricado solo un año, este bello ejemplar ha vivido la mayor parte de su vida en el interior.  En los años 50, General Motors deslumbraba al publico norteamericano con un espectáculo llamado Motorama, donde presentaba su visión de futuro con lo que ahora conocemos como autos conceptos, uno de ellos se llamaba Biscayne y lo presentaron en 1955.

Tres años más tarde, lanzaban al mercado el primer Biscayne, el cual no tenía nada que ver con el concepto mostrado anteriormente, solo el nombre, pues con el modelo del 58 creaban una versión más económica al Bel Air. Inicialmente fueron producidos para el mercado de flotas, principalmente las de alquiler, que deseaban un auto de bajo costo, con la conveniencia, el espacio y el poder de los autos de tamaño grande.  Power steering, power brakes y elementos como aire acondicionado o ventanas eléctricas, eran elementos que se podían encontrar en un Impala e incluso en un Bel Air, pero que estaban fuera del listado de opciones disponibles para el Biscayne.

Tras el éxito del modelo del 55 y sus variantes en el 56 y sobre todo en el 57, Chevrolet decidía dar un giro al diseño de su auto grande y siguiendo la moda del momento lo hizo más largo, ancho y bajo que su predecesor. Montado sobre un chasis en forma de X y con un motor V8 nuevo de 348 pulgadas cúbicas, ofrecía algunas de las características del modelo anterior, como el parabrisas envolvente y los guardafangos delanteros en punta, pero ahora el tratamiento del parabrisas se copiaba en el vidrio posterior, se aumentaba el cromo en defensas y parrilla, se colocaban cuatro faros frontales y se redondeaban los guardafangos traseros. El cambio no resultaba como los ejecutivos de la marca esperaban y al año siguiente el modelo cambió drásticamente con un diseño radical mucho más moderno.

Exteriormente el Biscayne se diferencia con los modelos más equipados porque en vez de tres tiene dos luces traseras, una moldura lateral más delgada y en el baúl una moldura con el nombre Chevrolet en vez de la V que tenían el Bel Air y el Impala.

Como se trataba de una versión básica el único motor disponible era un 6 en línea de 235 pulgadas cúbicas (3,859 cc) que gracias a un carburador Rochester de dos barriles erogaba 145 HP y un torque máximo de 215 lbs/ft a 2,400 rpm, con lo que era un motor con bastante fuerza en baja. El motor estaba conectado a una transmisión manual de 3 velocidades, con cambios en la caña del timón y a través de un eje cardán estaba conectado a un diferencial en el eje trasero. Los frenos eran mediante bandas en las cuatro ruedas y las ruedas eran de 14 pulgadas.

Con un peso de 1,640 kilos, era un auto pesado para la potencia del motor, sin embargo para su época tenía prestaciones normales, con un tiempo para el 0-60 mph de 15.3 segundos y una velocidad máxima de 149 km/h (93 kph).  En el interior los asientos eran tipo banca, con lo que podían sentarse de tres en fondo y el baúl aunque largo, no tenía mucha capacidad por su altura y porque la rueda de repuesto iba alojada en su interior.   En 1958 este Biscayne costó en Estados Unidos 2,290 dólares y se fabricaron un total de 491,441 con cuatro puertas.

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Este Biscayne

Por 35 años este Chevrolet 58 vivió en Aguadulce propiedad de un empleado de un ingenio. Su actual propietario debió insistir bastante para que se lo vendieran, hace cinco años, pero al tener un taller mecánico el anterior dueño, se dio cuenta de que volvería a tener el esplendor de sus primeros días.

El auto estaba entero y funcionando pero en malas condiciones de mecánica, carrocería y con el interior en lamentable estado. En Taller Exodo, en Santiago, se le bajó el motor y la transmisión, que fueron reconstruidos totalmente mientras en el taller se eliminaba todo el oxido, se restauró la carrocería y se pinto en una combinación de Blanco Artico y Turquesa Tropical original de 1958.

La tapicería se hizo por completo en Taller Exodo, siguiendo el diseño original y usando materiales similares a los de fábrica, en una combinación que hacía juego con el exterior.

Hicimos un recorrido por carretera como pasajeros de esta joya y podemos asegurarles, que tiene una suspensión muy suave y un andar muy confortable. Pudimos rodar al mismo ritmo del resto de autos en la ruta, aunque conservando mayor distancia con los autos que nos precedían, ya que no frena como un auto actual y teniendo en cuenta que muchos querían acercarse para verlo mejor e incluso sacarle fotos y es que en 57 años los autos han cambiado bastante.