Ford T, el auto que cambio al mundo

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Este es el auto más antiguo, en manos de un particular, rodando por nuestras calles.   Cuando Henry Ford, empezó a construir el Modelo T a fines de 1908, ya tenía años de estar fabricando autos. Este no fue su primer auto, sino el auto que cambio la forma en que se fabricaban los autos y el primero pensado en venderse a todo el mundo.

Revista-Autopita-IMG_5695Para su desarrollo, Henry Ford propuso al grupo de ingenieros que lo acompañaba un vehículo grande como para una familia y construido con los mejores materiales, pero a la vez cuyo costo de compra y manutención fueran asequibles a cualquiera que devengara un buen salario.

Revista-Autopita-IMG_5684Para lograr su objetivo, Ford perfeccionó la linea de montaje y la adaptó a la fabricación del T, de modo que a pesar de no ser el primero en usarla, en la actualidad casi todos creen que él fue el inventor. El fue quien le vio el potencial y que el hecho de poder producir mucho en poco tiempo, permitía tener un bajo precio de compra.

El T se fabricó hasta 1927, y aunque hay la creencia de que todos eran negros, esto solo fue cierto a partir de 1914. Al momento de su sustitución por el Ford A, la marca había vendido más de 15 millones de T, un récord que ningún otro modelo podría superar en 45 años.

El auto que les presentamos es el más antiguo en funcionamiento en Panamá, en manos deRevista-Autopita-IMG_5464 un particular y corresponde al modelo de 1919, con carrocería Touring. Es decir 4 puertas convertible, aunque la realidad es que en el T solo hay tres puertas, pues el conductor debe entrar al auto por el lado derecho.

Para el año que su primer dueño lo compró tuvo que desembolsar 500 dólares, lo que no debió alegrarle mucho, pues Ford lo rebajaba en 1920 a 395 dólares y en 1922 a 319.

Revista-Autopita-IMG_5468El motor es un 4 cilindros con 2.9 litros de desplazamiento, que producen 20 HP. Parece muy poco para mover un auto, de acuerdo a los estándares actuales, pero el T pesa apenas 540 HP, lo que le permite alcanzar una velocidad máxima de 64 km/h, aunque en el caso de este particular auto, tiene un accesorio que le permite variar la relación del diferencial y puede llegar a los 72 km/h. Este sistema conocido con el nombre Ruckstell se activa con una palanca. Un sistema de coils individuales llevan la chispa a cada bujía y un alternador permite tener arranque eléctrico, aunque también se puede arrancar con manivela, y luces eléctricas, que se complementan con dos pequeñas guarichas de kerosén.

La transmisión solo tiene dos velocidades y el pedal izquierdo sirve en conjunto con una palanca para poder cambiar de marcha. Al presionar el pedal central se engrana reversa y el pedal actual del acelerador en el T es el freno de transmisión, pues el auto no cuenta con frenos como tales, solo usa la compresión del motor y una bandean la salida de la transmisión o en casos extremos el freno de estacionamiento, activado con una palanca. Para el acelerador se usa una palanquita del lado derecho del timón.

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Una transmisión similar a la de las carretas, con dos hojas de muelle transversales, les permitía poder pasar por los escabrosos caminos de la época, donde eran muy pocas las calles asfaltadas. Para suavizar su marcha había un accesorio opcional a base de pequeños resortes, llamados Hassler, que este auto tiene. Las ruedas son de madera y en un diámetro de 30 pulgadas, con 3 pulgadas de ancho adelante y 3.5 atrás.

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El auto que engalana estas páginas, fue comprado este año, por uno de los coleccionistas más jóvenes del país en California, donde había estado en manos de otro aficionado por varios años, e importado a Panamá. No es un auto de exhibición sino de uso, por lo que no extrañen verlo rodar algún día por la calle.