FORD THUNDERBIRD 1962

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BELLEZA, CONFORT Y PRESTACIONES

Con un V8 de 390 pulgadas cúbicas de 300 HP bajo ese largo y puntiagudo capó, el Thunderbird de tercera generación debía ser uno de los autos más rápidos que surcaban las carreteras americanas, a inicios de los años 60, pero además lo hacía con estilo y confort.

En esos años, en la categoría de autos lujosos americanos, dos eran las características principales: tamaño y equipamiento y en esa categoría el Thunderbird era el rey, aunque en esa posición de privilegio debía ser innovador para mantenerse en ese sitial.

La tercera generación del Thunderbird era presentada en 1961, en unos años donde el estilo de diseño aerospacial estaba en su apogeo, por ello la forma del auto nos recuerda un cohete, e incluso las luces traseras parecen los escapes de dos reactores que se ponen al rojo vivo cada vez que se iluminan. El diseño era obra del equipo dirigido por Alex Tremulis, conocido por sus conocimientos de aerodinámica, con lo que el nuevo modelo era más rápido que el anterior, aunque tenía el mismo motor y pesaba lo mismo que ese. A pesar de esto el disennoe ra radical incluso para esos años, con lo que las ventas no fueron tan buenas como las de la primera generación y antes de la llegada de la cuarta generación en 1964, las ventas fueron de 63,000 unidades, cuando de la versión anterior las cifras eran cercanas a las 90,000 unidades. Sin embargo el nicho de mercado crecía lo que finalmente atrajo a General Motors al ruedo, quien entraría en 1963 con el Buick Riviera.

El Thunderbird de tercera generación se ofrecía en cuatro estilos de carrocería: Hardtop, Landau, Convertible y Roadster, en las que la versión Hardtop como la que les presentamos representaba más del 50 por ciento de las ventas.

Todos los Thunderbird de tercera generación fueron fabricados en Wixom, famosa porque allí se fabricaban también los Lincoln Continental. La planta estaba considerada una de las mejores en cuanto a control de calidad y esto se nota en el vehículo que les mostramos, donde el cromo es el mismo con el que salió de fábrica en 1962 y los acabados pueden compararse con los de los autos actuales.

El interior mostraba también algo de influencia espacial, aunque con un toque muy enfocado al lujo, gracias a gran cantidad de elementos metálicos en el tablero, que se prolongaban hasta las puertas en un estilo muy nuevo para la época. Tres grandes relojes frente al conductor le informaban de la velocidad, las revoluciones del motor y la hora, pero además había una serie de botnes para funciones adicionales ubicados en una posición poco ergonómica. Una consola central separaba ambos asientos, lo que en esos año se consideraba como lo último en deportivismo.

Atrás hay espacio para dos ocupantes, donde a pesar del tamaño del auto, el espacio es algo reducido para los estándares actuales. El baúl se básicamente para llevar la llanta de repuesto y un par de maletas y este a forrado en vinilo, con un diseño muy típico de esos años en los autos americanos.

Lo que podía considerarse lujoso en ese época no tiene comparación con el equipamiento actual, pero no por ello era escaso, de hecho comparados con otros autos de su categoría había una profusa cantidad de equipo como: transmisión automática con tres velocidades, frenos de poder, ventanas eléctricas, desempañador, timón hidráulico con ajuste lateral, limpiaparabrisas con tres velocidades, radio AM con antena desmontable y aire acondicionado.

El paso de más de medio siglo se nota a la hora de manejarlo, con una suspensión con eje rígido trasero y muelles en vez de resortes, pero sobre todo por la dirección y los frenos que originalmente eran de tambor en todas las ruedas. El confort es superlativo a costa de una suspensión extremadamente suave que hace inclinar la carrocería cada vez que tomamos una curva. Nuevamente hay que remitirse a los estándares de esos años, donde el Thunderbird era uno de los mejores. Los reportes periodísticos de esa era, alaban su dirección inusualmente rápida para un auto de ese peso y lo silencioso de su marcha.

Su propietario es el segundo dueño de este auto, que fue comprado en Arizona a los herederos del propietario original. Según nos contó estaba pujando en eBay por otro auto y por un tema de tiempo lo perdió. Este era su segunda opción por lo que cuando llegó el momento de la subasta dejó lo que estaba haciendo y finalmente ganó la compra. De Arizona a Miami y de allí embarcado a Panamá.

El auto no era ni la sombra de lo que es ahora, con un interior completo pero que por el paso del tiempo y el calor se quebraba con solo mirarlo. La carrocería estaba bastante sana gracias al clima seco de Arizona, con muy poco oxido, mayormente superficial. El motor no se había prendido en años por lo que tampoco había rodado.

En el taller Speed Work Shop en Chorrera, se hizo todo el trabajo, que consistió en desarmarlo completamente, para pulir todo el cromo del interior y exterior, reparar la carrocería para luego proceder a cambiarle el color por uno del catalogo de Ford para 1962, retapizar todos los asientos, ponerle una nueva alfombra y rehacer todo la suspensión, dirección y frenos, para finalmente poner a funcionar nuevamente el motor cambiando todas las partes desgastadas.

El trabajo consumió tiempo y dinero pues se cambiaron muchas partes del auto, incluso como su propietario quería usarlo en viajes largos, se le instalaron frenos de disco delanteros, lo que obligó a cambiar los rines originales por unos de mayor diámetro, únicas concesiones a la originalidad del auto.

El resultado, un auto único en Panamá (no hay otro Thunderbird 62), en unas condiciones de restauración inigualables, pues incluso se han conseguido las calcomanías originales para el motor y maletero. Un auto que llama la atención por donde quiera que va y que puede ser manejado sin comprometer ni su seguridad ni la de los demás.