JEEP CHEROKEE

Views: 417

DISPUESTO A TODO

Desde Cusco, Perú

No es cualquier marca la que se atreva a probar un nuevo modelo a más de 3,000 metros sobre el nivel del mar.

Jeep ha tenido un crecimiento sostenido en América Latina, gracias a su planta en Brasil, que el año pasado llegó a ser del 27 por ciento. Con la llegada del Jeep Cherokee 2019 quieren apuntalar ese crecimiento y por eso han querido hacer la presentación para la región en Perú, pese a que se fabricará en Illinois, Estados Unidos.

No es un modelo enteramente nuevo, sino una actualización profunda, que moderniza a un modelo que representó un cambio total en cuanto a diseño, que en esta nueva versión ha estado a cargo de Irina Zavatski, ya que es un auto que en muchos mercados está enfocado al mercado femenino.

Exteriormente se ha cambiado el frente, por uno menos redondeado, más acorde con la imagen nueva de Jeep, manteniendo la típica parrilla de 7 entradas, cambiando las lámparas y la defensa que ahora incluye las luces de neblina, que al igual que el resto de las luces son a base de LED. Atrás también hay novedades, pues el portón, es más ancho y con nuevo diseño al igual que la defensa. Las lámparas cambian e incluyen lo que Jeep llama Feature Light que enmarca al resto de luces. Algunas variantes tienen el sistema de apertura del portón tipo manos libres con solo pasar el pie por debajo de la defensa.

Adentro los cambios son mayores, con un nuevo tablero y consola, que al ser más ancha tiene espacio para llevar el celular cerca de un puerto USB. Frente al conductor tenemos un cuadro de instrumentos digital, con dos relojes y un centro de información central, que se maneja desde unos botones en el timón, que también incluye el cruise control y ajustes para el equipo de sonido que va montado en la pantalla principal al centro del tablero, al igual que el Bluetooth, la cámara de retroceso y el sistema de navegación.

Unos cambios en la forma interna del portón y en el diseño del piso del baúl han permitido ganar un 9 por ciento más espacio que en la versión anterior y lo mismo ocurre con los bolsillos de las puertas que ahora son más prácticos.

Para poner a prueba las bondades de este nuevo Jeep, recorrimos el Valle Sagrado de los Incas, a más de 3,000 metros de altura, llegando en algunos puntos a los 4,000, lo que supone un gran esfuerzo para las máquinas, pues por cada mil metros de altitud se pierde alrededor de un 10 por ciento de la potencia debido a la falta de oxigeno, por lo que una prueba por encima de los 3,000 no es apta para débiles.

Usaremos primero una Trailhawk con el motor V6 de 3.2 litros y a mitad de camino la cambiaremos por una Longitude con el motor de 4 cilindros y 2.4 litros.

La salida es en Sacsayhuaman, una ciudadela con enormes bloques de piedra, que fue un centro de reunión. De allí por una carretera asfaltada nos dirigimos hacia Pisac. El Trailhawk este a diseñado para un uso más todo terreno, por lo que hay unos ligeros cambios en las defensas para permitir unos mejores ángulos de entrada y salida, con lo que es unos milímetros más corta. Incluye también ganchos de remolque, un protector inferior de metal y llantas de 17 pulgadas. En el interior contamos con la pantalla grande de 8.4 pulgadas y el sistema de tracción Active Drive II que incluye una reductora y cinco modos de manejo de acuerdo al tipo de piso, a saber: nieve, arena/barro, rocas, automático y sport. Para seleccionar cualquiera de ellos, hay un mando giratorio en la consola, que Jeep llama Select Terrain.

La carretera llena de curvas y más curvas, permite descubrir que hay mejor insonorización, con un motor que no se escucha y que tiene la potencia necesaria para hacer adelantamientos en muy corto espacio, a lo que contribuye la transmisión de 9 velocidades. Otro detalle notorio es la sensación de mejor control, gracias a un menor peso del vehículo y a una dirección recalibrada.

Tras casi dos horas de viaje, llegamos a Pisac donde tomamos un camino de tierra, donde pusimos a prueba por un corto lapso de tiempo el sistema de tracción en arena.

Tras un almuerzo tradicional en Hacienda Sarapampa, cambiamos de vehículo y tomamos un Cherokee Longitude con tracción 4×2 y el motor Tigerhawk de 2.4 litros y 184 HP. Con él haríamos la parte más extrema del recorrido, pues subiríamos más de 1,000 metros por un camino de tierra, estrecho y tortuoso.

El motor 2.4 ya había sido usado en el anterior Cherokee, pero para la nueva versión incluye un radiador de aceite y el sistema electro hidráulico de distribución variable de válvulas, con lo que se logra una mejora en consumo de hasta un 7 por ciento. Comparado con el V6 que usamos inicialmente esta unidad no tiene tanta salida desde parado, pero gracias a la transmisión de 9 velocidades solo necesitamos 1,600 rpm para marchar a 120 km/h.

La versión Longitude, tiene diferente decoración interior y la pantalla de 7.0 pulgadas, pero los mismos asientos de la Trailhawk, que ofrecen confort y buen soporte. Atrás el asiento va dividido por partes (40/60) y tiene ajuste en longitud, con lo que no hay forma de tocar con el asiento frontal. El espacio para la cabes también es bueno, teniendo en cuenta que nuestra unidad de prueba contaba con el techo solar  corredizo, que siempre roba algo de altura.

Los primeros metros de la trocha que nos conducirá hasta Raqchi, suponen un reto, por la arena y piedras que encontramos, y que superamos gracias a la buena altura al piso que tenemos incluso con esta versión 4×2, de allí la inclinación de las pendientes pone a prueba al motor que va perdiendo potencia a medida que subimos, pero sin que lo notemos, pues el ascenso es a baja velocidad. Entre el abismo y la pared de la montañas seguimos subiendo, con un sistema de control de tracción que nos permite ascender en forma estable y con un asistente de arranque en pendiente, que actúa en las múltiples paradas que hacemos.

De Raqchi al Salar de Maras, el descenso es por un camino de tierra en mejor estado, en el que vamos a una media de 80 km/h ya que vamos retrasados. Allí descubrimos el agarre en curva que tiene la Cherokee, la estabilidad a alta velocidad y los frenos que tiene, que son puestos a prueba constantemente, pues la bajada es muy pronunciada.

El regreso de noche, nos permite descubrir la eficacia de sus luces de LED y que sobre el asfalto podemos mantener un ritmo elevado con confianza y mucho confort, al punto que nuestros dos acompañares se quedaron dormidos.

Esta prueba realizada en condiciones extremas, por clima y altura, nos permiten comprobar que el Cherokee, pese a sus líneas suavizadas y algo femeninas, mantiene el ADN de Jeep y que incluso en sus versiones más civilizadas es capaz de superar los caminos más difíciles.

  • anemptytextlline
  • anemptytextlline
  • anemptytextlline
  • anemptytextlline
  • anemptytextlline
  • anemptytextlline
  • anemptytextlline
  • anemptytextlline