Museo Nacional del Aire y el Espacio

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En 60 años pasamos de volar a ir a la luna.    Es seguro que cuando James Smithson, dejo escrito en su testamento que se entregara un capital de medio millón de dólares a la construcción de un centro dedicado a la investigación y a la preservación, no imaginara que un día el hombre iba a volar. Tampoco imaginaba que su legado, permitiría crear un museo dedicado a recordar los primeros años de la aviación, que sería visitado por millones de personas anualmente y es que el museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington, es junto al Museo de Historia Natural (también propiedad del Instituto Smithsoniano) dos de las principales atracciones de la capital de Estados Unidos y dos de los museos más recorridos en el mundo.

En unas dos horas puede verse la evolución de la aviación, desde los primeros pasos hechos en la edad media, con una serie de inventos como el globo, la cometa y otros que nunca llegaron a hacerse realidad, como los bosquejos de Leonardo Da Vinci hasta la llegada de dos constructores de bicicletas que a base de perseverancia, tenacidad y observación llegaron a ese día, el 17 de diciembre de 1903, a ser reconocidos como los inventores del avión. El museo cuenta con una sala dedicada exclusivamente a Wilbur y Orville Wright y a su aventura, con una reproducción del primer aparato más pesado que el aire, en volar a los mandos de un humano en Kitty Hawk. Gracias a esa visita aprendimos que ellos construían el avión en Dayton, Ohio, donde tenían su fábrica de bicicletas y que una vez listo, debían enviarlo por tren a través de medio Estados Unidos hasta Carolina del Norte, donde las condiciones de viento y espacio libre eran ideales para intentar volar. Qué hicieron muchos intentos infructuosos y que de cada uno hicieron mejoras, que finalmente llevaron a lo que ya conocemos.

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El primer cliente en el que pensaron los hermanos Wright fue en el ejercito, pero pasarían 10 años antes de que una guerra demostrara que los Wright tenían razón y el aeroplano cambiaría para siempre la forma en que se libran las batallas.

De los incipientes inicios de la aviación durante la Primera Guerra Mundial, donde se crearon las primeras leyendas sobre los pilotos, entre ellas las del famoso Barón Rojo, todo un héroe de mil batallas aéreas sobre los campos de Francia.

El museo muestra también una era importante en la aviación, comprendida entre las dos guerras mundiales donde la aviación tomo un rumbo comercial, impulsado por una serie de pilotos dedicados a romper récords, tanto de distancia como de velocidad. Gracias a vuelos como el de Charles Limberg o el del portugués José Sarmentó de Beires, se vio la oportunidad real de vuelos trasatlánticos tanto para carga como para pasajeros y nacieron las primeras aerolíneas.

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El museo dedica también una sala a la Segunda Guerra mundial, con los principales aviones de ella, entre ellos el primer avión a reacción, fabricado por Alemania, el Mustang americano, el Spitfire inglés y el Zero japonés. También hay una sala dedicada exclusivamente a la rama aeronaval, mostrando los primeros aviones diseñados para despegar y aterrizar desde portaviones, así como una enorme maqueta de uno de estos.

La parte de avíación parece terminar en esa etapa, aunque podrán admirar una serie de aviones actuales expuestos en el museo, así como parte de un avión comercial, donde especialmente los niños disfrutarán viendo como es el interior de una aeronave.

El resto del enorme edificio inaugurado en agosto de 1946, está dedicado a los inicios de la carrera espacial, con vehículos tanto americanos como soviéticos. Esta zona muestra los inicios de los cohetes, con replicas de los V1 y V2 alemanes, los primeros misiles que luego serían la base de los grandes cohetes aerospaciales. Junto con los cohetes Pershing americanos y SS-20 rusos, encontraremos una colección de fotografías de Werner Von Braun, el padre de la aeronáutica.

El museo tiene muestras de trajes especiales, una reproducción del Apolo 11 y de una de las cápsulas Mercury, más una colección de objetos relacionados a la carrera espacial.

Para aquellos que gusten de un mayor conocimiento del espacio, les recomendamos alguna de las películas del teatro IMAX, única atracción que tiene un costo, pues la entrada al museo es completamente gratuita.

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El museo cuenta con un espacio de más de 7 hectáreas, ubicadas muy cerca del aeropuerto internacional Dulles, donde se exhiben más de un centenar de aviones, donados tanto por el Gobierno, como por empresas y particulares, todos en estado original. Entre los aviones especiales o con una historia particular, encontraremos en ese lugar al Enola Gay, el bombardero B-29 que lanzó la primera bomba atómica en Hiroshima.

A todos aquellos, que visiten la ciudad de Washington, les recomendamos la visita a este museo, si no son aficionados a la aviación y al espacio, terminarán siéndolo.