RODRIGO TERAN

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El único panameño en correr las 24 Horas de Le Mans.

¿En las décadas de los 70 y 80, quien en Panamá no sabía quien era Rodrigo Terán? Había ganado los 500 Kilómetros Viceroy más veces que nadie ( 5 victorias en total), el Campeonato Nacional en un par de ocasiones y el Campeonato Centroamericano en 1978. Su Porsche con los colores de Viceroy era presencia obligada en los autódromos centroamericanos, así como una de las atracciones principales en Ecuador, donde en 1977 ganó las 2 Horas de Costa Azul en Salinas y luego en 1978 el Gran Premio de Ecuador en Yaguarcocha.

Habíamos intentado una entrevista en varias ocasiones, pero pasa poco tiempo en Panamá, por lo que a pesar de considerarme su amigo desde hace mucho tiempo,no había sido posible, hasta que hace unos días recibí una llamada suya, invitándome a su casa para regalarme una serie de libros sobre automovilismo.

Fue durante esa visita que terminamos conversando sobre un punto que pocos conocen, su participación en las 24 Horas de Le Mans en 1979.

A.- ¿Como se dio tu participación en Le Mans?

R.T.- Después de haber ganado el Campeonato Centroamericano, había el interés de ir a correr en algún lugar con un mayor nivel de competencia. Mi familiar, Kikos Fonseca de Costa Rica iba a ir a correr a Daytona y había la posibilidad de poder correr allí, pero una persona a quien conocía me propuso en un par de ocasiones ir a correr a Europa. Hugo Schibler, era esa persona. El había sido mecánico de carreras en Porsche y mecánico personal de Jo Siffert. Luego de la muerte del piloto había emigrado a Sudamérica y finalmente terminó en Panamá como mecánico en la agencia BMW.

En las prácticas de los 500 Kilómetros Viceroy, en Río Hato en 1979, se me acercó y me preguntó si me gustaría ir a correr las 24 Horas de Le Mans. Yo pensé que estaba borracho o bromeando y no le puse atención, pero le dije que sí. Ese año gané la carrera y como acostumbrábamos lo celebrábamos con una fiesta en mi casa. La plata del premio me la gastaba en una fiesta donde se invitaba a mucha gente de las carreras. Uno de los invitados ese año fue Hugo Schibler y fue el último en irse. Schibler volvió a insistir varias veces en el tema, muy entusiasmado. Yo le dije, vamos, sin saber siquiera de que se trataba.

Hugo me dijo que esperáramos a que fueran más de las dos de la mañana para llamar a Suiza y hablar con alguien que tenía un Porsche para le Mans. Yo pensé que era una excusa para seguir tomando y nos quedamos los dos solos, pues hasta mi esposa se había ido a dormir. A las dos de la mañana tomó el teléfono y llamó a Guido Haberthur en Lausanne, un conocido preparador de Porsche, que le confirmó que en el equipo de Claude Haldi solo había un piloto para las 24 Horas.

Si Schibler me recomendaba Haberthur lo aceptaba, con lo que quedé entusiasmadísimo.

Tras la emoción inicial, Hugo me dijo que había que pagar la silla. Yo no tenía idea de lo que me estaba hablando pero luego entendí que para correr tenía que aportar una cierta cantidad de dinero que eran 15,000 dólares, que cubrían el alquiler del auto, los repuestos y los mecánicos. En fin que yo solo tenía que llevar el uniforme.

En ese tiempo yo no tenía esa cantidad de plata, por lo que tuve que recurrir a mis patrocinadores habituales. Hice varios artículos en los periódicos con Alfonso Castillo y Victor Núñez y también me ayudó Miguel Rumbau en la revista TV Guía, para levantar interés.

De marzo que fue los 500 Kilómetros Viceroy a junio, que es cuando se corre Le Mans, había muy poco tiempo, por lo que tuve que moverme. Viceroy tenía que consultar con la casa matriz, para un patrocinio fuera de Panamá y finalmente me dio 5,000 dólares. Ricardo Endara, mi pariente era el Gerente de la Cervecería del Barú y le pedí ayuda. Me preguntó cuanto había puesto Viceroy y él me dio esa misma cantidad. Ahora parece poco, pero en ese año yo había invertido todo en los dos Porsche que corría acá, por lo que no tenía esa cantidad faltante. De hecho mi patrocinio anual era de 10,000 dólares y con eso cubría reparaciones, repuestos, mecánicos y traslados a todas las carreras. Se me ocurrió llamar a Omar Torrijos que era un súper fanático de las carreras y que me secuestraba, en el buen sentido de la palabra, luego de cada carrera ganada en Río Hato y me preguntaba que necesitaba. Nunca se me ocurrió pedirle algo, pero con lo de Le Mans lo hice. El entendía el valor publicitario de una carrera internacional para Panamá y estaba dispuesto a prestar Río Hato cada vez que lo pedíamos para un evento internacional. Pedí una cita a través de su secretaria y sin que el me atendiera, me dio el cheque con lo que me faltaba.

Luego conseguí que British Airways, me patrocinara mi pasaje y Braniff el de mi esposa y cada uno por su lado nos fuimos a Le Mans.

A. Cuéntame como fue tu participación en la carrera.

R.T.- Yo era muy consciente de mi preparación física. Cuando corríamos en Río Hato no corríamos mangas cortas, sino carreras de 3 horas, sin cambio de piloto. Eso mismo pasaba en el Centroamericano. A mi me entrenaba la Doctora Ana Palau del departamento de Fisiología de la Universidad de Panamá y para Le Mans, me sometió a un riguroso entrenamiento que me obligaba a pasarme varias horas diarias. Ojalá hubieran habido video juegos en esa época para practicar la pista, pero eso no era posible. Recuerdo que conseguí una revista que tenía fotos y un planito del circuito y me fui tres semanas antes al taller de Haberthur, que era el preparador del auto. Yo me conocía mi carro de arriba a abajo y lo mecaniqueaba, aunque no soy mecánico y fui a Lausanne a conocer como funcionaba el carro y averiguar como era todo, pues para mi era crítico saber al detalle el funcionamiento del carro.

Una de las cosas que tenía que conseguir era una licencia FIA, que yo no tenía y allí fue que me acerque al francés que había creado ASAi y la había registrado como FIA en Panamá, a través de él conseguí la licencia gracias a mi curriculum y me la mandó a Suiza. Luego tenía que pasar un examen médico de Fia, que también lo hice allí.

Algo curioso me pasó cuando mostré mi uniforme, con el que llevaba años corriendo. Me dijeron que no cumplía los requisitos y me tocó mandar ha hacer dos uniformes, pues para Le Mans se necesitaba, pues uno se sudaba y se mojaba si había lluvia.

Haberthur me explicó como era el proceso de carrera, donde uno corría dos horas y luego descansaba dos horas, pera luego estar dos horas en el pit stand by, por si algo pasaba con el piloto, cosa que efectivamente sucedió.

Claude halda era el dueño del Porsche 935 3.0 Turbo y él fue quien salió en la carrera de primero, luego venía Herbert Loewe, un piloto aficionado suizo con poca experiencia pero mucho dinero y luego venía yo. Haldi partió en el puesto 27, pues habíamos clasificado en esa posición con un tiempo de 3 minutos 59.87 segundos a una velocidad promedio de 204.501 km/h y cuando entregó el auto habíamos ganado algunas posiciones, más que nada por los abandonos y averías mecánicas de otros. Cuando me tocó mi turno, senté un ritmo y pasaba por el punto de control que teníamos en la recta que da a la curva Indianápolis, siempre con el mismo tiempo, lo que gustó al equipo. Ya a punto del segundo turno de manejo de Loewe, se mandó un fuerte aguacero. Haldi paró y Loewe se negó a manejar en esas condiciones, que para ellos era el diluvio universal pero para mi era otro aguacero como los de Panamá. Haldí me miró y yo le dije que yo si iba. Me puse el uniforme, pues ni siquiera estaba listo ya que me tocaba manejar en dos horas, me monté en el Porsche y salí a la pista. La primera vuelta iba muy lento porque de noche y lloviendo no veía absolutamente nada, pero enseguida vi las luces del carro que iba delante, que como yo iba lentísimo. Cuando vi que me lo podía pasar, lo hice y así empecé a rebasar autos. para mi era normal correr con mucha lluvia, ya me había tocado en Calzada Larga una vez con 2 o 3 pulgadas de agua en la pista. Habrían pasado dos vueltas a lo sumo, cuando la plumilla del limpia parabrisas salió volando y me quedé solo con la del lado derecho. Fue un susto tremendo pues no veía nada. Me di cuenta que cuando aceleraba el agua se corría del vidrio, así que no tuve otra alternativa que acelerar y seguir así hasta que a la hora paree a reponer gasolina y allí me pusieron otra plumilla. En ese turno de manejo adelanté muchas posiciones, no recuerdo cuantas, pero quedamos en muy buena posición. La lluvia paró cuando yo había devuelto en auto a Haldi.

Ya amaneciendo, iba llegando a la curva de Indianapolis a casi 200 km/h me encontré con un charco de aceite y terminé en una trampa de arena. Los banderilleros, que estaban en la curva se acercaron y me baje a empujar el carro con ellos. Cuando salí a la pista arranque el auto pero empezó un fallo muy fuerte, así que lleve como pude el auto a pits. Allí Haberthur se acercó a  ver que pasaba y se percató que había el interruptor de uno de los bancos de inyección estaba apagado. Al bajarme del carro lo debo haber tocado con la rodilla y se apagó. Yo estaba preocupado porque pensé que además había daños de carrocería, pero Guido me sacó a la pista diciendo “le plastique” dándome a entender que solo el plástico del spolier se había roto.

Cuando ya había devuelto el auto a Haldi, de repente todo el equipo de Porsche se acercó a nuestro pit a ofrecernos de todo. ¿”Qué necesitan, llantas, ayuda”? Resulta que los tres Porsche oficiales se habían retirado y nosotros estábamos en tercera posición absoluta. Desafortunadamente antes de que terminara la carrera, y con Haldi al volante se rompió un brazo de la suspensión, la banana le decían y tuvo que entrar a cambiarla a pits, con lo que perdimos muchísimo tiempo, pues es una operación complicada. Yo hice el último stint, pero no pudimos subir del puesto 11 al terminar la carrera.

A.- Pero tu corriste otra vez, ¿verdad?

R.T.- Sí en 1981. Nuevamente con el equipo de Haberthur y en un Porsche 935, pero esa vez además de Haldi, el otro piloto era Francois Hesnault, un joven piloto de Fórmula 3, que terminaría en Fórmula 1 corriendo para Ligier y Brabham. Hesnault estaba poco acostumbrado al Porsche, que tenía un embargue muy duro y a pesar de que Haldi lo regañó varias veces en carrera, por no pisar completamente el cluch, terminó rompiendo el cluch en la vuelta 141 y este rompió la transmisión, con lo que quedamos fuera de la carrera.

A.- ¿Por qué no volviste más?

R.T.- En 1982 tuve una entrevista en Porsche y me invitaron a correr el Campeonato Europeo con uno de los equipos de Kremer, pero el costo era prohibitivo y no hubo forma de completarlo. Solo corrí en Brands Hatch, donde abandoné cuando iba bien colocado al romperse la muñequilla de la dirección en Hailwood Hill y casi tengo un choque contra la barrera. Afortunadamente terminé a pocos centímetros de esta.

Tras esa carrera y habiendo competido por muchos años, conversé con mi esposa que siempre me acompañó a las carreras, sobre la posibilidad de dejar de correr y no volví a correr más. Eso si, seguí como directivo por muchos años, colaborando con el automovilismo panameño a través de ASAI Panamá.