TOYOTA CELICA 1977. ¿De nostalgia o de colección?

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Los autos japoneses han pasado desapercibidos en el mundo de los autos de colección, con muy pocas excepciones, pero a medida que los jóvenes de mediados de los 70 van superando los 50 años, la nostalgia hace que quieran revivir sus años de juventud con los autos que manejaban en ese entonces, lo que ha hecho que muchos de los japoneses comunes de esa era, vuelvan lentamente a verse entre los autos de colección.

El Toyota GT, ha sido por años inalcanzable, tanto por precio como por la poca cantidad que se fabricaron, pero otros como el Datsun 240 Z han cobrado popularidad en los últimos 10 años. Tras ello, el Corolla AE86, el Skyline de segunda generación y los Célica, están apareciendo en exhibiciones y paseos en todo el mundo.

En Panamá, la moda japonesa, llega tarde y recién en el último año hemos visto alguno rodando por nuestras calles o restaurándose en algún taller. Uno de estos es el Célica de 1977, que adorna nuestras paginas.

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En la segunda mitad de los 60, Toyota empezaba a entrar con cierta fuerza en el mercado americano. En Estados Unidos la juventud quería coupés de apariencia deportiva y Toyota lo único que tenía era el Corona, que tenía buena demanda en Japón, pero no en Estados Unidos. Para el Salón de Tokio de 1970 mostraban el primer Célica y dos meses después el primer embarque llegaba a América. Con una carrocería que recordaba en algo al Mustang y un motor de 1.6 litros, sería el primer deportivo de Toyota en venderse en Panamá. Para nuestro país se vendía en versión LT con un carburador sencillo o el ST, algo más equipado y con un carburador de dos bocas. Para el mercado japonés, australiano y europeo, había ademas la versión GT con un motor de 1.6 litros con motor de doble árbol de levas. En todas las versiones la transmisión era manual de 5 velocidades, lo que lo ponía, en ese punto. por encima de la mayoría de deportivos europeos de la época.

 

En 1976, se presentaba una nueva carrocería, con el frente más largo y la posibilidad de un estilo liftback, que en nuestro país mantenía los mismos motores pero que en Estados Unidos estrenaba el motor 20 R con un desplazamiento de 2.2 litros y 96 HP, para la versión GT. Solo dos años después se lanzaba la segunda generación del Célica, disponible tanto como coupé como liftback, más grande y pesado. Para ese instante, ya Toyota había vendido más de un millón de unidades de Célica en todo el mundo.

Aunque para muchos de sus compradores originales, el Célica era casi un auto de carreras, la realidad era que no lo era, pues sus orígenes era más bien humildes, ya que su plataforma y suspensión procedían del Carina, un auto familiar económico. Sin embargo, aunque no es un auto potente, tiene buena agilidad, gracias a un peso bajo y una relación corta de diferencial. Su transmisión le permitía una velocidad máxima de 160 km/h y un tiempo para el 0-100 de 10.0 segundos.

Contrario a lo acostumbrado, no tenía una carrocería sobre un chasis independiente, sino que era del tipo unibody, donde la carrocería era parte estructural del auto. El resto si era convencional, con el motor colocado longitudinalmente al frente, con la transmisión pegada y un eje rígido trasero que tenía la tracción. Los frenos eran de disco adelante y tambores atrás, con asistencia hidráulica. La suspensión tenía amortiguadores tipo McPherson adelante y un eje rígido con 4 brazos atrás.

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El interior era para cuatro personas, con el asiento trasero bien definido para dos con un alto túnel central. Adelante el tablero tenía decoración en madera con dos grandes relojes frente al conductor y dos más al centro. La palanca de la transmisión iba encajonada en una consola donde se ubicaba el radio.

Este es un auto que ha pasado desapercibido entre los coleccionistas por muchos años, la gente de más de 60 años, probablemente nunca tuvo uno y las generaciones más jóvenes ya no tuvieron la oportunidad de manejarlo, pues a partir de 1989 dejaron de traerlo a Panamá, pues la cuarta generación, la primera con tracción delantera, no gustó mucho. Adicionalmente los autos japoneses  de los años 70, en general, tenían una mecánica a prueba de todo pero una carrocería propensa a oxidarse y un interior que se desintegraba por efecto del sol. La falta de repuestos, especialmente en esos dos últimos temas, ha hecho que restaurarlos sea una labor titánica.

 

El auto que engalana estas paginas fue comprado en Estados Unidos e importado a Panamá, donde se reparó la parte mecánica, se pintó completamente y se retapizaron los asientos. Para su actual propietario, el Célica era un asunto personal y lo adquirió pues fue el primer auto que le compró a su esposa y en las fotos que publicaron en e-bay se veía entero y sin oxido, con lo que la restauración se facilitaba, aunque luego fue complicado encontrar algunas piezas faltantes que se compraron en lugares tan remotos como Nueva Zelanda, algo posible solo por la existencia de Internet, e-bay y Paypal.

Pudimos manejarlo para la sesión fotográfica e inmediatamente nos llevó 40 años atrás, con sensaciones que ya se han perdido en los autos actuales, con un timón bastante duro, ya que no tiene power steering y una suspensión que no permite muchas libertades. La mayoría de cosas que damos por sentadas actualmente no existen en este auto, pero eso es lo hermoso de volverse a poner al mando de un auto que como este pululaban por nuestras calles, no hace tanto tiempo atrás.