UNA TARDE EN EL MUSEO

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Aunque hemos visitado el museo Henry Ford en Dearborn en varias ocasiones, cada visita es una sorpresa, en la que encontramos cosas que no vimos o no recordamos de nuestras anteriores visitas.

Una visita imperdible en Detroit es el museo Henry Ford, que es un museo diferente a todos los museos de marcas automotrices, pues aquí no solo encontraremos autos de la marca, con cuya producción y variedad en los más de 100 años de existencia podrían llenar completamente no solo el museo sino varios edificios aledaños. Pero no, aquí se ha tratado de conservar el legado de su fundador que decía: “Colecciono la historia de nuestra gente, con cosas hechas por sus manos y cosas que usaron.” Por ello encontraremos autos que marcaron la historia de Estados Unidos, y no solo de Ford sino de otras marcas, incluyendo algunos japoneses y otros europeos, pero además miles de objetos comunes que fueron usados por nuestros antepasados y algunos objetos cargados de historia, como el autobús que marcó el inicio del fin de la segregación racial, cuando Rosa Parks se negó a cambiarse de asiento e irse para los que estaban reservados a gente de color. En esta ocasión la guía me dejó sentar en el asiento que causó el conflicto así como también en el que se sentó el presidente Obama durante su visita al museo.

El edificio en si, es una pieza histórica ya que inicialmente era el instituto Tomás Alba Edison, dedicado a la investigación y la educación y edificado siguiendo las normas y estilo de finales de los años 20. En el museo aun se conserva la pala con la que se puso la primera piedra y un planchón de cemento con el nombre de Edison escrito en él.

Las dos grandes pasiones de Ford: los autos y la aviación ocupan la parte principal del museo, que además incluye varias locomotoras de vapor y utensilios caseros de la revolución industrial. Pero eso no es todo pues una parte del museo está dedicada a equipos industriales de esa era y que incluye toda clase de motores, incluyendo uno de los primeros generadores eléctricos movidos por agua. Encontraremos también muebles de todo tipo, una extensa colección de armas e incluso una de violines.

El museo recoge un siglo de innovación automotriz, desde los primeros autos hasta autos de los 80 y 90, muchos de ellos agrupados por épocas, aunque también hay áreas dedicadas a los deportivos, los que marcaron el paso en cuanto a diseño e incluso una colección de autos de Presidentes.

Aunque no es solo sobre Ford y sus autos, hay algunos de ellos que marcaron la historia automotriz escrita por Henry Ford, como su primer Quadricle, el Ford T, el Ford A y el Mustang, aunque sin olvidar los grandes modelos de otras marcas propiedad de Ford, como Lincoln, Mercury y Edsel. La parte dedicada a los autos de carreras, representa bien la historia americana de este deporte, con autos que marcaron récord de velocidad en las salinas de Bonneville, autos que triunfaron en Nascar, otros representando las carreras de Midget, más unos pocos representantes del Drag. Sin embargo hay dos grandes feudos que están perfectamente representados por vehículos propulsados por Ford, con dos ganadores de las 500 Millas de Indianapolis y uno de los Ford GT40, que dominaron las 24 Horas de Le Mans de 1966 a 1969.

Muy cerca del museo se encuentra el aeropuerto privado del patriarca, hoy convertido en hotel, pues también incursionó en la fabricación de motores de aviación e incluso aviones. El museo tiene una réplica del Kitty Hawk de los hermanos Wright, uno de los aviones de metal de Ford, un pionero en ese sentido cuando los fuselajes eran normalmente de lona y un Focker con el que el Almirante Byrd llegó primero al Polo Norte. El avión lleva el nombre de Josephine Ford, hija de Henry, quien financió la expedición.

Sin duda, la gran obra por la que Ford será recordado, es su modelo T, del que encontraremos varios ejemplares en diferentes partes del museo. Incluso hay uno completamente desmontado que permite ver la simpleza de su diseño y entender el por que logró fabricar tantos. Junto a ese T hay un área donde se muestra como era la linea de ensamble y como iba cobrando vida el vehículo.

El museo es grande y puede tomar varias horas recorrerlo, sin entrar en mucho detalle, con todo lo que hay. Es visitado anualmente por más de un millón  y medio de personas, que no solo vienen a entretenerse, sino a aprender como se vivía hace 100 años y como un objeto como el automóvil cambió el mudo hasta donde lo conocemos. Un sitio que nos permitirá conocer nuestro pasado y entender nuestro futuro.