FORD MUSTANG SHELBY 500. LA BESTIA

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Con un botón en el mando a distancia, arranco el motor mientras voy acercándome a él. Con un rugido despierta la bestia, rugido que se convierte en un ronroneo, como diciéndome: “aquí estoy, vamos, que necesito carretera”.
Voy a manejar el primer Mustang Shelby 500 de última generación que llega a Panamá, un auto impresionante tanto en especificaciones como en presencia personal. Su herencia se remonta 55 años atrás, cuando Carroll Shelby (sí, el mismo de Ford versus Ferrari) tomó un Mustang y lo modificó hasta sacarle más de 300 HP. A Ford le gustó la idea y los autos se vendieron a través de sus distribuidores y con garantía de fábrica. Nacía una leyenda.
En estas seis décadas, el Mustang se ha refinado, ha crecido y en las últimos años ha tenido una versión especial llamada Shelby, que en su versión más poderosa tiene la denominación 500.


Exteriormente las defensas son distintas a las de un Mustang GT, con un labio inferior bastante pronunciado adelante y un difusor en la parte trasera por la que asoman dos salidas de escape, dobles. La tapa del motor es más alta al centro, con enormes salidas de refrigeración y hecha en un material compuesto llamado SMC, del que también están hechos los guardafangos frontales, que son más anchos ya que va calzado con unas llantas muy anchas. Un trabajo exhaustivo en el túnel de viento, ha permitido tener un coeficiente de penetración muy bueno, pero ha sido necesario dotarlo de un spoiler trasero para mantenerlo pegado al suelo, a lo que ayuda unos estribos laterales.


El interior es parecido al del Mustang, en cuanto a tablero, tapicería y diseño general, pero cuando lo arrancamos en la pantalla central aparece una cobra con el nombre Ford Performance, que tambien aparece en los estribos interiores. La instrumentación también es digital y configurable, aunque el tacómetro tiene la zona roja a partir de las 7,500 rpm y el velocímetro marca 350 km/h, lo que nos indica que este no es cualquier Mustang. Otro indicio de esto, son los asientos anatómicos firmados por Recaro y un timón deportivo forrado en Alcántara, con las paletas para los cambios detrás de él. Dentro del timón tenemos toda una serie de botones, para las funciones habituales que tenemos normalmente en el timón, pero hay uno de esos botones marcados con una cobra, donde tenemos una serie de aplicaciones especiales, incluyendo una que nos permite quemar llantas en forma segura. Con esto no solo podremos apantallar a los vecinos, sino que podremos correr el cuarto de milla con la temperatura óptima en las llantas. Hay también el Launch Control, que nos permite hacer una salida desde parado en forma perfecta (otro elemento primordial para el cuarto de milla).


Para abrir la tapa del motor y ver las entrañas de este monstruo mecánico, destrabamos primero desde adentro con la típica palanquita, para luego apretar dos botones en la tapa y finalmente destrabar el seguro con la mano. Al levantar la tapa aparece el V8 con un supercargador en el centro de la V, donde nuevamente destaca una cobra y una placa donde se indica quien armó el motor. El V8 de 5.2 litros, con cigüeñal plano, doble árbol de levas por bancada y con tiempo variable de alzada de válvulas. El motor genera 760 HP y un torque de 847 Nm, lo que lo convierte en el motor más potente que ofrece Ford en un auto de calle. Junto a este motor tenemos una transmisión automática de 7 velocidades, con doble embrague, que no se controla con la habitual palanca sino con un botón giratorio que en el centro tiene otro botón para manejarlo en modo manual a través de las levas tras el timón.


Apretamos el botón de arranque, giramos el mando de la transmisión y salimos a probarlo. Las cifrase potencia, torque y prestaciones impresionan, con lo que los primeros kilómetros los hacemos con cuidado, pues esta bestia tiene pinta de que cuando se suelta puede poner en problemas a cualquiera. No es así, pues con toda la electrónica actual pronto nos damos cuenta de que igual puede ser un misil en una pista de carreras, como un auto con el que llevar a la familia a un paseo.


Un botón en la consola nos permite tener una serie de modos de manejo, entre los que tenemos algunos que son específicamente para ir a correr drag o un track day. mientras otros nos permitirán usarlo con seguridad y confort en el día a día. Jugando con esos ajustes, podemos tener un tiempo para el 0-100 km/h de apenas 3.3 segundos y cubrir el cuarto de milla en alrededor de 11 segundos.
Con otro botón en la consola podemos variar el sonido del escape de un modo bastante silencioso a un rugido extremo en la posición Race, con dos tonos intermedios. Con esto podemos salir de casa sin despertar a los vecinos o no dejar a ninguno en cama si lo ponemos en Race.


La suspensión, que sigue el mismo esquema de los Mustang actuales, con McPherson adelante y múltiples brazos en el eje trasero independiente, tiene toda una serie de elementos específicos en este auto, con lo que pronto descubrimos, que no es como los Shelby del pasado, que eran un tiro en línea recta, pero que en cuanto aparecían las curvas pasaban a ser uno más del montón, sino uno que es sumamente divertido de manejar en zonas de montaña. El elemento principal son unos amortiguadores con el nombre Magneride, que pueden variar su dureza en nanosegundos de acuerdo a la información que les proporcionan una serie de sensores en el auto, que sienten el estado de la calle y el modo de manejo del conductor. Gracias a esto tenemos un auto que en condiciones normales es cómodo como si fuera un sedán europeo de lujo y en otros momentos es un carro de carreras.


Los frenos son una locura. Con enormes discos flotantes, ventilados, con pinzas de 6 pistones adelante y cuatro atrás, firmados por Brembo. Con lo que al pisarlos en serio, el auto para en distancias tan cortas, que hay que tener un ojo en el retrovisor para que el que nos sigue no termine dentro del baúl.
Muchos no van a creerlo, pero encontré al Shelby 500 muy cómodo y apropiado incluso para alguien con más de medio siglo encima. No es incomodo para entrar o salir, a no ser que uno vaya a sentarse atrás, donde el espacio es muy reducido. Los asientos ofrecen un confort por encima de lo esperado y finalmente la suspensión absorbe muy bien las imperfecciones de nuestras calles, con lo que podría usarlo todos los días sin ningún problema, además cuenta con todo lo que uno quiere de un auto actual, buenos sistemas de seguridad, una dotación completa de bolsas de aire, incluso para las rodillas, conectividad de primera gracias al fabuloso SYNC3, que reconoce instrucciones verbales y un equipo de sonido de primera, aunque la sinfonía del motor es tan adictiva, que el equipo de sonido pasa a u segundo plano.


Todo esto y lo que ofrece este auto en un circuito, algo que no pudimos probar por las condiciones sanitarias actuales, viene con un precio, que al compararlo con otros Mustang parece exagerado, pero que si lo comparamos con lo que realmente deberíamos, que son toda esa estirpe de súper autos deportivos europeos, con los que se codea sin complejos, es una ganga.