MUSEO MOTO BASSELLA

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Bassella es un lugar, un punto en un mapa, perdido en el norte de Cataluña, en España. Es conocido por algunos como un lugar que quedó sumergido por uno de los muchos proyectos de irrigación de la época post franquista, pero para los aficionados a las motos es un lugar de peregrinación, por el extraordinario museo que allí se encuentra.

Normalmente los museos son entidades de fundaciones o de orden municipal, pero en el caso de este es obra de una sola persona, que por años atesoró una moto tras otra.

Mario Soler, nació en Bassella y era un apasionado de la moto y la mecánica, que con su conocimiento y dedicación empezó a recuperar gran cantidad de motos para luego restaurarlas, con lo que empezó a juntar una colección importante de motocicletas. Mario y sus dos hijos, lograron reconstruir unas 200 motos antes de que en 1991 falleciera Mario a los 84 años de edad. Sus hijos  Toni y Estanis, conservaron y ampliaron la colección, especialmente el primero, un reconocido participante de Raids y pruebas de enduro, que añadió las motos de competición a la colección. Lamentablemente Toni fallecía en un accidente y fue su hermano quien materializó la idea de mostrar la colección al público dotando a Bassella de un museo, que a la fecha es considerado como el museo de motos más importante de España, con una colección que suma 200 unidades.

Más que un lugar donde ver una extensa colección de motocicletas, Bassella es la obra de una persona, que con dedicación y habilidad, logró devolver a la vida, una serie de vehículos abandonados y para muchos inservibles. Para recordar esto, junto a la entrada, hay una reproducción exacta del taller de la casa de Mario Soler, con todas sus herramientas y máquinas. Una reproducción que incluye las paredes originales, pues Estanis Soler, quiso que esa área tuviera todos los elementos originales.

La colección Soler incluye una amplia selección de marcas españolas, con un área reservada exclusivamente para ellas, y muchas internacionales, entre las que encontraremos marcas desaparecidas hace muchísimo tiempo.

Para gestionar el museo, se creó la Fundación Privada Museo de la Moto Mario Soler, una entidad sin animo de lucro que se encarga de una colección de más de 300 motos de gran valor cultural e histórico, con el museo en Bassella, y uno inaugurado en Barcelona en 2011.

Apenas cruzamos el humbral del museo, con una pequeña tienda de recuerdos, nos encontramos con la primera exposición, que nos muestra casi cien años de la historia de la moto, desde las primeras hechas a mano en forma rudimentaria, hasta las modernas. Esto permite apreciar en unos minutos una evolución constante de tecnología y artesanía.

La moto más antigua de la colección es una Clement, francesa de 1902 con un motor de 142 cc, que en realidad no es más que la adaptación de un motor a una bicicleta, aunque la más llamativa es otra FN de mayor cilindrada con sidecar de mimbre.

Quizás el área más con más tradición, es la dedicada a las marcas españolas, donde un centenar de motos nos permite descubrir una rica historia industrial con gran cantidad de modelos de serie junto a algunos prototipos y un buen grupo de motos de competición. Marcas como Aster y Rieju de inicios de los 50, de muy corta vida, dan paso a una extensa colección de Derbi, OSSA, Montesa y Bultaco que tuvieron su apogeo en los 60 y 70, antes de ceder ante la industria nipona. Dentro del área española hay una zona dedicada a los scooter, pues en ese país se fabricaron bajo licencia, Vespa, Lambretta y Peugeot.

Uno de los patrocinadores del museo es Honda, que en una zona del museo tiene su propia exposición con vehículos cedidos por la propia marca, que desde hace años es propietaria de la marca Montesa, una de las de más renombre en la industria española.

Los clubs de la zona también han cedido algunas de sus motos más relevantes, así por ejemplo la Diputación de Lleida, provincia donde se halla el museo, consiguió una de las motos del corredor de Moto GP, Emilio Alzamora, con las motos participantes en el Dakar de Isidre Esteve, Gonzalo Gil y Pau Soler. Por su parte el Real Automóvil Club de Cataluña RACC donó una de las BMW que aun usa la institución  y una antigua Sanglas con sidecar.

El museo acoge una serie de espacios, que se renuevan temporalmente, que nos permiten conocer facetas importantes de la historia de las motocicletas desde múltiples perspectivas. Hay también un espacio dedicado a uno de los pilotos más completos del motociclismo español, Randy Muñoz, fallecido en 1983 y que en su carrera acumuló cuatro campeonatos de España de motocross y 5 sub campeonatos, además de uno en la modalidad trial en 1973. Cinco de sus motos comparten protagonismo con los logros de Muñoz.

Con tanta historia bajo un mismo techo, podríamos pensar que el precio de entrada es caro y estaríamos equivocados, ya que el costo por adulto es de solo 7 euros y los niños de menos de 8 años entran gratis.

Es un lugar algo alejado de ciudades importantes como Barcelona o Zaragoza, pero si va de visita al noreste de España y es aficionado a las motos, no debe dejar de pasar la oportunidad de ver directamente, lo que fue el ingenio de los primeros fabricantes y la evolución de la moto a través de los ojos, labor investigativa y de restauración de Mario Soler.