Una vuelta a la Targa Florio

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Porsche ha querido revivir su época victoriosa en la Targa Florio, nombrando un modelo con el nombre Targa y celebrando la llegada de los modelos GTS con un reducido número de invitados.

Para la mayoría Sicilia es sinónimo de mafia, pues fue en esa región donde nació y prosperó la Cosa Nostra, pero para los amantes de las carreras de autos Sicilia es Targa Florio, la carrera que recorría parte de su territorio y que se corrió de 1906 hasta 1973 y que en la actualidad se sigue celebrando, pero en el plano de los vehículos históricos.

El final del siglo XIX representó un momento importante en la historia de Sicilia, con la llamada “Primavera Siciliana” que proponía la isla como un destino turístico para la aristocracia europea. Como parte de esa oferta lúdica, Vincenzo Florio, hijo de uno de los empresarios más importantes de la isla, ideo y promovió una de las carreras más antiguas del mundo realizada sobre caminos a través de las montañas Madoine.

Porsche, fue la marca dominante en los últimos años de la Targa Florio, con varias victorias importantes, una de ellas la de 1956 ganada el italiano Umberto Maglioli, en un 550 A Spider. Luego seguirían victorias en 1959, 1960, 63, 64, 66, 67, 68, 69, 70 y 1973. Esa seguidilla impresionante de triunfos dio paso, a mediados de los 60, al uso del nombre Targa en algunos de los 911, equipados con techo desmontable.

Porsche ha decidido revivir la emoción y dureza de la Targa Florio, proponiendo a un grupo de medios recorrer el mítico circuito largo con casi dos mil curvas y una distancia de 148 kilómetros  (inicialmente, el plan era cubrir la ruta del “Piccolo Circuito” de 72 kilómetros, que fue el usado en los últimos años de la Targa Florio, pero la zona entre Caltavuturo y Collesana, está en muy malas condiciones y Porsche no recibió el permiso necesario, para poder recorrer esa parte del recorrido, cerrado al público). Para ponernos en ambiente nuestra base de operaciones se encuentra en el hotel Villa Igiea, en Palermo, una propiedad que originalmente fue de Ignazio Florio, hermano mayor de Vincenzo, convertida en hotel en 1908 y nombrada en honor a su hija. Allí nos esperan 6 vehículos diferentes, todos con las letras GTS estampadas en su zaga.

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Tras la cena de bienvenida, es la hora de escoger compañero de viaje y al ver que todos se pelean el 911 Targa GTS yo me decido por el 911 Carrera GTS, mientras el resto se quedan con el Cayenne GTS, el Panamera GTS, el Boxster GTS o el Cayman GTS. Un rojo ejemplar matriculado S GO 4025 será el encargado de hacerme vivir la emoción de la Targa Florio.

Muy temprano empieza el día, pues hay que llegar a Cerda, donde está la salida de la Targa (así la conoce todo el mundo) con las tribunas y los pits. La salida de Palermo es caótica, con un tráfico endiablado, pues los panameños somos la Madre Teresa de Calcuta al lado de como manejan los sicilianos. Ir de Villa Igiea a la salida de la autopista SS113, no hay más de 5 kilómetros, pero nos toma casi una hora, todo porque las leyes de transito no aplican para los locales.

Cerda es una pequeña población, que aparece en el mapa, exclusivamente porque allí se realizaba la salida de la Targa Florio. Poco queda de la época de oro de la Targa entre 1950 y 1977, con unos pits abandonados frente a una tribuna con capacidad para unos 300 personas. Junto a ellos un pequeño edificio que en su época era parte de los pits y que actualmente es un museo. Allí un simpático personaje nos explica en un italiano muy golpeado, que en esta zona, llegaban los “turistas” y periodistas, por eso no era muy grande; que para el verdadero aficionado, la Targa se vivía en las montañas donde se podía ver en acción el talento y el arrojo de los pilotos. El es también quien nos explica que al final de cada carrera, Vincenzo Florio entregaba una placa de bronce al ganador y que en italiano, placa se dice “targa”.

Ya la gente de comunicaciones de Porsche nos había advertido sobre el Circuito Lungo, que recorre carreteras abiertas al público, por lo que nos habían advertido que circuláramos a velocidad prudente y que la policía local no se anda con contemplaciones con los pichones de piloto, por lo que tras las fotos en pits, me dirijo hacia la partida, único lugar donde podré usar el Launch Control del 911 Carrera GTS y hacer una salida digna de la Targa. Tras la primera curva descubro el por qué la carrera dejó de celebrarse en 1977 y es que no hay rieles de seguridad a los lados, por lo que esta regla y la imposibilidad de encerrar los 72 kilómetros del circuito acabaron con la prueba, que en su historia había segado la vida de muchos pilotos (recordados en algunas placas en el camino) y sorprendentemente solo 21 espectadores.

El primer tramo entre Cerda y Caltavuturo, es parte de los dos circuitos de la Targa y es una carretera vecinal de dos vías, tan estrecha en algunos lugares que tengo dificultad para hacer caber los 1.85 metros del ancho del 911 Carrera GTS. Una curva sigue a la otra, mientras vamos ascendiendo y descendiendo continuamente. Esta es la parte más lenta del circuito, aunque no la más peligrosa, como descubriríamos más adelante. En Caltavuturo, la carrera iba a través de una ruta similar hasta Collesano, pero esa es la parte dañada y cerrada al tráfico, por lo que tomamos en dirección hacia Castellana, siguiendo la ruta larga. Aquí hay oportunidad de pisar el acelerador y alcanzar en algunos momentos cifras cercanas a los 200 km/h, pero enseguida regresan las curvas y el ascenso, pasando por los pueblos de Pettralia Sottana y Castelbuono, lugares donde los fotógrafos aprovechaban para fotografiar los bólidos corriendo entre sus estrechas calles.

El tramo entre Castelbuono y Collesano es tan estrecho en algunos lugares que si encontráramos tráfico en contra no habría forma de pasar. Tras un camino más que una carretera, con algunos tramos de tierra y mucho hueco, llegamos a Collesano, donde se encuentra el Museo Targa Florio. Por sus calles empedradas pasaron los Porsche 908 y muchos otros Sport Prototipos con más de 600 HP, haciendo resonar sus motores entre sus casas de tres pisos. Nosotros hacemos lo mismo, gracias al botón que permite modificar el sonido del escape y poniendo la opción Sport Chrono Plus. la verdad vimos bastantes cabezas asomadas a las ventanas, no se si con molestia o con nostalgia.

De Collesano a Piane Vecchie, es todo bajada y podemos descansar un poco de tanta curva. Ya a nivel del mar continuamos a Campofelice, que tiene la recta más larga de la Targa, Buonformello que supera a Mulsanne en Le Mans en algo más de 6 kilómetros y donde los Porsche 908 alcanzaban casi 300 km/h al tope de revoluciones en quinta. Nosotros nos comportamos, más por el tráfico y la presencia de los Carabinieri, que por falta de ganas.

La vuelta regresaba a Cerda y allí finalizaba la Targa. De 1950 al 77 se daban 10 vueltas y la más rápida se hizo a 128.57 km/h, a bordo de un Porsche 908-3 manejado por el finlandés Leo Kinnunen en 1970.

Porsche nos ha dado una oportunidad única a los mandos de uno de sus mejores autos, sino el mejor, recorriendo la ruta de una de las carreras con más tradición en la historia automovilística, luego de lo que coincidimos completamente con Helmut Marco, participante de la Targa y actualmente asesor del equipo Red Bull de Fórmula 1 que decía que para participara había que estar completamente loco.