MERCEDES BENZ 500 SL. ROZANDO LA PERFECCIÓN

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En 1989 Mercedes Benz decidía sacar de producción su convertible más vendido, uno que habían lanzado en 1971 y cambiarlo por algo radicalmente diferente en términos de diseño y tecnología. Los años habían pasado desde la presentación del SL conocido con el código R-107 y también el gusto del consumidor, que quería un Mercedes más rápido y agresivo visualmente.
En el Salón de Ginebra de 1989 se presentaba el R-129, con una carrocería en forma de cuña y las líneas rectas de moda. Los compradores reaccionaron positivamente y la capacidad de producción fue inferior a la demanda, lo que obligó a plazos de entrega más largos y a que el incremento de precio con respecto al modelo anterior pasara a un segundo plano.
La cuarta generación del SL, es uno de esos diseños maestros de Bruno Sacco, que aunque muy diferente a su antecesor, no dejaba dudas de su procedencia, con detalles comunes a algunos sedanes de la marca y su característica estrella en la parrilla, un detalle en común con todos los “Sport Leich o SL.

En su momento el Clase S y el SL eran los vehículos más avanzados tecnológicamente de la marca y fue concebido para viajes a gran velocidad, por ello la parte dinámica estaba enfocada a ofrecer confort y altas prestaciones, sin las sensaciones deportivas de otros roadster de la época. Era uno de los pocos autos en ese momento que contaba con dos bolsas de aire, control electrónico de estabilidad y frenos con ABS, en todas sus versiones, desde la más económica.
Una de las quejas con respecto a los convertibles, se solucionó incrementando la rigidez torsional de la carrocería, al nivel de los sedanes de la marca y dotándolo de un arco de seguridad que permanecía oculto y podía desplegarse eléctricamente en cuestión de décimas de segundo en caso de un posible vuelco.
En cuanto a motorizaciones, se tenían motores de 6 cilindros en línea, V8 y hasta un V12, aunque tanto los primeros como los últimos fueron minoría contra los V8, donde el más vendido fue el 500 SL, es decir el motor de 5.0 litros, con 4 válvulas por cilindro, inyección electrónica y una potencia de 320 HP. Como la mayoría de esos V8 iban destinados al mercado estadounidense, las transmisiones eran automáticas de 4 velocidades, aunque los últimos ya venían con 5 velocidades.

Una de sus peculiaridades como roadster era su techo de lona de accionamiento eléctrico, algo poco común a finales de los 80. La capota de lona quedaba oculta debajo de una pieza metálica detrás de los asientos y toda la operación era coreografiada mediante un buen número de servos hidráulicos. Como opción se podía obtener un techo duro de aluminio que solo pesaba 35 kilos, aunque al ser muy popular, hubo lugares donde venía de norma y no como opción.
La suspensión de múltiples brazos, asegura una suspensión suave pero con amortiguación firme, lo que permite disfrutarlo tanto a velocidad de autopista como en una carretera de montaña
Tuve la oportunidad de hacer unos 500 kilómetros en él y puedo confirmar que tiene un andar muy cómodo y seguro. No es un auto de aceleraciones fabulosas, pero no se queda atrás a la hora de ir a alta velocidad con un paso por curva sorprendente en un auto con 30 años a cuestas.

La ergonomía es curiosa, pues los controles de los asientos eléctricos están en las puertas, los alzavidrios eléctricos en la consola, al igual que los controles de los espejos. Por otro lado tiene un timón muy grande, pese a que tiene power steering. La posición de manejo es baja y los asientos resultan cómodos para viajes largos. Otro detalle curioso es que solo tiene un limpiaparabrisas, que se acciona desde una palanca detrás del timón, y que gracias a un original sistema se mueve por todo el parabrisas, limpiándolo mejor que con las dos plumillas normales.

Pese a que se desarrolló como un auto para viajar, hay que hacerlo ligero, pues el maletero es muy pequeño y con dos “carry on”, se llena.
Después de tres días manejando por Tierras Altas y la Interamericana, he quedado convencido de que este es posiblemente el mejor convertible hecho por Mercedes, hasta la fecha, con una posición de manejo casi perfecta, una marcha muy cómoda, tan suave que no se siente la velocidad. Es un auto con una calidad tan alta, que con casi 30 años de vida, se siente solido, sin ruidos, como si acabara de salir de agencia. Un auto que a pesar de su edad se siente y se maneja como uno actual, que digo como uno actual, como uno mejor que los actuales.