PORSCHE EXPERIENCE ATLANTA

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Al aterrizar en Atlanta, un moderno edificio, rodeado por una serie de pistas asfaltadas, llama la atención de muchos pasajeros. Se trata de la casa matriz de Porsche en Estados Unidos.
Ese será nuestro destino, una vez desembarquemos, tras un breve trayecto de menos de 10 minutos. Allí tendremos la oportunidad de disfrutar por un día de pruebas con los actuales modelos de Porsche.
Es una experiencia que cada año realizan unas 125,000 personas, que vienen a ver, manejar comprar y comer, en un ambiente donde se respira la marca en todos los rincones.
El taxi nos deposita en el Hotel Kimpton en el número 2 de Porsche Drive, justo al lado de donde nos espera la oportunidad de aprender, manejar y enamorarse del auto deportivo por antonomasia. Al igual que el 60 por ciento de los visitantes, no tenemos un Porsche en nuestro garaje, pero si hemos disfrutado de dos en algún momento, por lo que esta experiencia pretende renovarnos las ganas de volver a manejar uno y quizás, como el 30 por ciento de los que asisten a este curso, quedar con ganas de comprar uno.

El edificio es parte de un complejo, que incluye varios circuitos de prueba. Fue inaugurado hace poco menos de cinco años y en él se encuentran las oficinas corporativas de Porsche North America, pero además incluye un pequeño museo, que en la fecha de nuestra visita rendía homenaje a los 60 años del 914, su primer auto de producción con motor central. Hay también una biblioteca, un taller de restauración de Porsche Classic, una tienda de regalos y un restaurante, manejado por chefs mexicanos, llamado 356, donde compartiremos almuerzo junto con los empleados de la marca y otros visitantes.
Mientras otros invitados, saboreaban un café o calentaban su tarjeta de crédito en la tienda de recuerdos, yo me escabullí hasta la planta baja donde se encuentra el taller de restauración, donde cualquier persona puede traer su Porsche antiguo, para que lo vuelvan a dejar como nuevo. Este fue el primer taller de este tipo fuera de Alemania y en la fecha de nuestra visita, tenían tres 356, un 911 de primera generación y dos 993, uno de ellos un RS, una joya muy escasa. Desafortunadamente trabajan a puerta cerrada, por lo que tuve que volver a mi niñez y ver como trabajaban pegado a la vitrina.
Unos minutos después, debía subir a un salón de clases, donde el instructor jefe (un muchacho de unos 30 años), nos explicaba la dinámica de lo que íbamos a hacer. Como éramos un grupo de unos 20, nos dividieron por grupos de cinco y una vez terminada la explicación pasábamos a la zona de pistas, donde realizaríamos un ejercicio distinto y manejaríamos diferentes modelos.

Mi primer destino era la pista off road, no muy larga, pero con los obstáculos suficientes para demostrar lo capaz que es el Cayenne. Los instructores saben que ningún propietario de Cayenne en su sano juicio, lo usará para ir a campo través, pero por si acaso alguno lo intenta, no se quedará atascado. En la pista off road, maneja el instructor, pues la idea es que veamos la capacidad del vehículo, no nuestra destreza. La experiencia es impresionante, pues hay subidas sumamente empinadas, algunas sobre roca lisa, muy resbaladiza. Como todo lo que sube baja, los descensos son a un ángulo aun mayor, lo que hace pensar que podemos terminar llantas arriba. Otro lugar interesante es la piscina, donde el Cayenne marcha con el agua a mitad de puerta, sin que entre una gota de agua y sin que deje de avanzar. La cereza en el pastel, es un recorrido con el auto inclinado a 45 grados y luego el paso por un tubo, donde el Cayenne queda apoyado solo en dos ruedas.

Para el siguiente ejercicio, tomamos un 911 y vamos hacia la pista de aceleración, donde probaremos el sistema de Launch Control. Uno aprieta un botón y luego acelera a fondo mientras mantiene el pie en el freno. El auto muestra un mensaje de que está preparado y debemos soltar el freno sin dejar de acelerar a fondo. El 911 sale disparado y al entrar en el punto de frenada vamos a 135 km/h, de acuerdo a una aplicación que tiene el instructor. Es un ejercicio fácil, que solo requiere sangre fría.
El siguiente ejercicio si pondrá aprueba mis habilidades, pues se trata de poner a derrapar el auto en un circulo completamente mojado. Viendo al instructor hacerlo es pan comido, pero una vez con el auto bajo mi control, veo que es mucho más complicado de lo que parece, pues o el auto no derrapa o cuando lo hace termino trompeando. Finalmente logro dominar el balance entre acelerador y giro del timón y logro casi una vuelta sin salirme del circulo. Después de ese ejercicio empiezo a respetar un poco más a aquellos que dominan el arte del drifting.

Siguiente ejercicio, el Kick Plate. Esta es una zona mojada y resbaladiza, completamente recta, donde al pasar sobre una plancha de acero, esta se mueve aleatoriamente y empuja el eje trasero hacia algún lado. El resultado es un derrape inesperado que debemos controlar a golpe de timen y acelerador, cuidando de ser sutil en los movimientos, pues si corregimos en exceso derraparemos hacia el otro lado. La superficie pintada con epóxico es súper resbalosa, por lo que a cada golpe de Kick Plate, el auto gira con una facilidad asombrosa. Hay que pasar por la plancha a 30 km/h, pues con cada 5 kilómetros adicionales, la fuerza se duplica, con lo que controlar el auto es prácticamente imposible. La primera vez, paso demasiado rápido y hago un trompo de 360 grados. La segunda vez, voy con la vista en el velocímetro y cuando levanto la vista ya es muy tarde para corregir, con lo que vuelvo a poner a girar al 911. Un tercer intento, termina en un mejor control, pero no es aun lo que espera el instructor, que me dice que el controlará la velocidad. “Más lento, más lento”, me grita, mientras miro hacia el frente. Paso sobre la plancha, golpea hacia la derecha y logro finalmente controlarlo. Repitámoslo una vez más, me sugiere, pero esta vez yo tengo que hacer todo y vuelvo a pasar muy rápido. Resultado: mi tercer trompo completo del día.

Hay una prueba, que no alcanzo a hacer, y es circular sobre un circuito muy sinuoso y hecho de un material resbaladizo, que permite ir derrapando por todo el recorrido, como si fuera un auto de rally. Pero veo que es complicado, pues la mayoría que lo intenta termina perdiendo el control.
Como la fila para esa parte es larga y el tiempo corto, me van a dejar usar lo que ellos llaman la pista de alta velocidad. Para ello cambiamos de auto y me pongo a los mandos de un 718 Cayman GTS.

Realmente no es un circuito de carrera, sino uno que simula una carretera de montaña, con lo que el ancho es mínimo, los guardarieles muy pegados al asfalto y las curvas son muy seguidas y con cambios de altitud constante. El instructor, me indica cuando acelerar y cuando frenar, pero es demasiado conservador y a la segunda vuelta dejo de hacerle caso. El recorrido se hace en menos de un minuto y estoy seguro que podría hacerlo mucho más rápido sino tuviera a alguien diciendo frena duro, cuando aun puedo seguir acelerando, pero tras bastantes vueltas, o yo me he acostumbrado a las instrucciones o él a que no hago mucho caso. Finalmente el tiempo se termina y la parte práctica llega a su fin.
Al final, hemos puesto en práctica toda una serie de ejercicios, que no solo nos ha permitido aprender de los autos que hemos manejado y sus límites, sino que ha sido una práctica de lo que hay que hacer en situaciones de peligro en el día a día, que pueden llegar a salvarnos de un accidente.
Para finalizar la experiencia, un almuerzo en 356, con unos tacos de muerte lenta y un guacamole, preparado en la mesa, del que aun conservo su sabor.