RÁPIDOS Y FURIOSOS

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La próxima llegada de la novena presentación de la saga Rápidos y Furiosos ha vuelto a poner en evidencia, que veremos nuevamente grandes proezas irreales, donde no siempre estarán involucrados autos. Con cada nueva edición se está alejando más y más de la original, presentada hace 20 años, que estaba basada en un fenómeno cultural muy en boga en ese momento, las carreras callejeras o carreras clandestinas.
No hubo ni hampones internacionales, ni terroristas con armas tecnológicas en las primeras películas, que mostraban solo a la “familia” de Dominic Toreto y la escena de carreras clandestinas en las que estaban envueltos.
Las carreras callejeras es un fenómeno de muchos años en Estados Unidos, que ha sido copiado por la mayoría de países con gran influencia norteamericana. Es un tema que ha sido tocado en muchas películas de Hollywood a través de los años y en Rápidos y Furiosos, se reproducían las carreras callejeras en California de finales de los 90, donde los autos americanos se dejaban de lado por los japoneses, y donde el cuarto de milla se sustituía por una mayor distancia donde había curvas que sortear. Moda que no era exclusiva de Estados Unidos, sino que aquí en Panamá también tenía sus adeptos. Debido a que mostraban un fenómeno cultural de moda, la primera película caló en el público y se ha convertido en una película de culto, a pesar de que desde el punto de vista técnico o artístico, no tiene ningún valor.
La primera película, escrita por Gary Scott Thompson con la colaboración de Ken Li, trata de un grupo de corredores callejeros, que son infiltrados por un policía que investiga el robo de unos autos. Está basada en una historia real, escrita en 1998 en la revista Vibe, llamada Racer X. Ese articulo, escrito por Ken Li, trataba sobre un corredor callejero en las calles de Washington Heights en Nueva York, de nombre Rafael Estévez. Este personaje, de origen dominicano, pasó de las carreras callejeras al profesionalismo. Estévez, conocido en la farándula automovilística como Ralphy, tiene una empresa que modifica autos y motores, DRT Racing y colabora no solo en la escena del “drag” en Estados Unidos, sino en su natal Santo Domingo y Puerto Rico.
En el artículo de Li, la mayoría de corredores eran latinos y los autos eran mayoritariamente japoneses. Los autos eran todos turbo, con oxido nitroso, con suspensiones en el piso y carrocerías tatuadas y con grandes alerones. La película cambia Nueva York por California y los corredores latinos por los de origen asiático. Estévez un fortachón de 6 pies es representado por Toretto, con un físico similar y al igual que él, juega al gato y al ratón con la policía que tratan a toda costa de evitar las carreras callejeras. También al igual que Toretto, vivía de correr y de la plata que se ganaba apostando en las calles. No necesitaba trabajar.
Lo que empezó como una película para los fanáticos de los autos y las carreras, se ha convertido en una serie fantasiosa, donde hay autos que vuelan o saltan de un edifico a otro. Y mientras al inicio la trama era sobre ladrones de autos ahora es sobre grandes villanos, con persecuciones inverosímiles, más al estilo de James Bond, que del Dominic Toretto original. En fin así es Hollywood.