TAMPA BAY AUTOMOTIVE MUSEUM. Un tributo a la innovación automotriz.

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En 1959 Alain Cerf, fundaba en Francia una empresa que construía máquinas empacadoras diseñadas por él. La empresa de nombre Polypack, estaba basada en tecnología e innovación. En 1984, Cerf se mudó a Florida y estableció allí su nueva fábrica. El éxito de sus máquinas no solo se replicó sino que creció en un mercado como Estados Unidos, mucho más grande que el francés o europeo, lo que le permitió dedicar tiempo y dinero a su otra pasión, los automóviles. Pero no cualquiera, sino aquellos que, como su empresa, fueron un punto de quiebre en cuanto a innovación y tecnología.

Mientras que el edificio de Polypack, pasa desapercibido, en una zona residencial, el museo adyacente, es lo que llama la atención. Una pared curva, que bordea un riachuelo, da paso a un pequeño edificio amarillo, en el que un letrero nos informa que estamos frente al Tampa Bay Automotive Muesum, cuyo interior alberga una colección de 80 automóviles, todos propiedad de Alain Cerf y su familia.

El museo abrió en 2005 y desde entonces es una de las atracciones turísticas de la ciudad de Tampa y alrededores.

El edificio se compone de tres naves, la de la entrada, donde se exhibe un grupo de autos franceses, una nave lateral, con ventanas, donde están los autos más antiguos, dominados por una replica, completamente funcional,  del Fardier de Cougnot, el primer vehículo autopropulsado del mundo, que data de 1770 y es hecho mayormente en madera. La tercera nave es la más grande y alberga una colección muy ecléctica, tanto de orígenes como de marcas.

La norma para los autos expuestos es simple, el modelo debe representar alguna innovación técnica, que haya contribuido a la evolución del automóvil hasta lo que es actualmente. Las únicas excepciones, son aquellos modelos que solo se fabricó una unidad, pero aun así deben presentar algún tipo de novedad.

Como buen francés, el señor Cerf, es algo chauvinista, puesto que la mayoría de autos de su colección son de ese origen, aunque hay una buena cantidad de autos checos, alemanes, británicos y estadounidenses.

En el museo hay verdaderas obras de arte automotriz y algunas de ellas lucen orgullosamente las escarapelas que se otorgan a los ganadores de concursos de elegancia. Entre los autos agasajados encontramos a ganadores de concursos tan prestigiosos como Amelia Island o Pebble Beach. Entre ellos un Ruxton de 1929, con sus lámparas tipo lágrima y su tracción delantera, un Derby francés de 1933, un raro roadster con carrocería Montlhery, del que solo se hicieron 10 ejemplares, de los que el del museo es el único sobreviviente. Pero, sin duda, el auto con mayor pedigrí en concursos es un Peugeot Darl´Mat de 1937, con una carrocería muy aerodinámica para la época.

Entre los vehículos de los que solo se hizo una unidad, destacan un Talbot Lago T15-QL6 con un motor de 6 cilindros, 2.7 litros con cámaras hemisféricas, y un Claveau de 1956.

Hay también varias rarezas, como el único Ford Mustang de 1965, con tracción a las cuatro ruedas, un experimento que hizo la fábrica en conjunto con Harry Ferguson, quien había inventado un sistema de tracción a las 4 ruedas con torque variable en cada eje. El Mustang del Museo es el primer auto de serie en usar ese sistema y también el primer auto con frenos con ABS.

Este es uno de esos museos, llenos de autos sorprendentes, con mucho auto europeo de pre guerra y con muchas marcas desaparecidas hace mucho tiempo. Un lugar para soñar y aprender, con pequeños inventos, que en su día fueron una novedad, hoy son parte, hasta de los autos más económicos.