EFO RACING. Un museo privado, entre viñedos y nostalgia, dedicado a la historia de los autos de carrera en Chile.

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En mi última visita a Santiago de Chile, en 2019, un amigo me llevó a un taller donde restauraban autos, mi interés era por ver como fabricaban unas réplicas del Fiat Abarth 1000 TC y cuanto podía costar uno. El taller y sus trabajos me impresionó, pero más que su calidad y cantidad de proyectos en ejecución, me llamó la atención de que la gran mayoría de autos pertenecían al dueño del taller y que entre ellos había varias piezas de colección muy interesantes, pues debido a la cercanía con Argentina, se hallaban en restauración varios autos de la época de oro del Sport Prototipo Argentino, de finales de los 60 e inicios de los 70.
Me fui de Chile, con la idea de algún día comprar una de esas réplicas de Fiat Abarth.

Hace poco más de un mes, estuve en Chile, visitando a unos amigos y uno de ellos comentó que existía un museo nuevo dedicado a autos de carrera. Entre mis planes estaba visitar uno de los viñedos más conocidos de Chile, cercano a Viña del Mar, y al comentar sobre ello, me contaron que el museo estaba muy cerca del viñedo a visitar. Así que, sin pensarlo mucho, convencí a uno de mis amigos a que me acompañara, mientras el resto del grupo iba a probar vinos.
María Pinto es un pequeño pueblo a menos de una hora de Santiago, de menos de 2,000 habitantes, rodeado de fincas. En una de ellas se encuentra el museo EFO. Llegamos un sábado al mediodía y la puerta de la finca estaba cerrada, lo que me dio mala espina. Llamamos y nos abrió un caballero, que amablemente nos dijo que estaba cerrado y que regresaramos al día siguiente.
Cuando le dijimos que veníamos desde Panamá y que desafortunadamente al día siguiente íbamos de regreso a nuestro país, el hombre se compadeció y le pidió a su hijo que nos mostrara el lugar, así que sin pensarlo acabábamos de conocer al propietario, Iván Ortúzar y su hijo nos iba a dar una visita guiada solo para tres personas.

El museo es un hangar dentro de la finca, donde la familia pasa sus fines de semana, un lugar de descanso, que los domingos se convierte en un lugar de peregrinación de los aficionados a los autos antiguos.
Mucha gente ve ese tipo de museos como un lugar con autos antiguos, colocados uno al lado del otro, pero este tiene algo especial, pues no solo cuentan una historia, sino una muy personal de alguien que estuvo involucrado en una actividad muy competitiva y cambiante, donde lamentablemente los autos de carrera, pasan al olvido muy rápidamente y en la gran mayoría de ocasiones, terminan abandonados en algún deposito. No son autos personales, que son fáciles de vender al llegar a cierta edad, sino unos que al volverse obsoletos, no tienen otro destino que el olvido.
Don Iván y sus hijos, empezaron a rescatar esos autos y a repararlos en su taller de Santiago, el mismo que había conocido hacía seis años. Ese día cuando ya me devolvían a mi hotel, le dije a quien me llevó al taller, que eso era más que un taller, un museo, por la calidad de los autos que allí habían.

Los Ortúzar deben haber pensado lo mismo y pusieron manos a la obra, para ubicarlos en un lugar más apropiado que un taller. Un lugar donde pemitiera verlos en todo su esplendor y rodeados de una historia que merece ser contada.
El museo EFO, inaugurado en marzo de este año, tiene actualmente unos 40 autos en exhibición, uno de ellos el Fiat Abarth que me interesó comprar (por eso descubrí que eran los propietarios del taller al que fui), con autos de finales de los años 40 hasta nuestros días y con una muestra que incluye mayormente autos de turismo, pero donde también hay Fórmulas, Prototipos y hasta karts. Los autos están agrupados, no por época, sino por categoría y cada uno tiene su identificación con su historia deportiva. También en una de las paredes están los principales hitos históricos del automovilismo chileno, empezando en 1910 con la primera carrera en Santiago, con 21 autos participantes.
El auto más antiguo es el Ford Standard Coupé de 1940, con el que corrió Alberto Fouillioux el Gran Premio de América del Sur en 1948, una épica carrera entre Buenos Aires y Caracas, recorriendo 7 países y ganada por el argentino Domingo “ Toscanito” Marimón y donde el chileno Fouilliouz quedó en el puesto 21. Junto a ese auto, hay un par de “cupecitas” del Turismo Carretera de los años 50, donde la categoría que ahora asociamos con Argentina, también era popular en Chile.

Una de las exhibiciones, se llama los 4 fantásticos, que muestra cuatro autos muy comunes en las carreras de los años 60, como son un Fiat 600, un BMW 700, un NSU y finalmente un Simca 1000. Autos económicos, de baja cilindrada, accesibles a muchos bolsillos.
Junto a ellos un Fiat 1500 y un Volvo PV544, ambos modelos ya de mayor cilindrada y potencia que los cuatro fantásticos y también muy comunes en las carreras de los años 60. Todos con los colores y gráficas originales. Ya de los años 70, tenemos dos autos, un Fiat 125 y un Peugeot 504, autos fabricados en Argentina por lo que eran comunes también en Chile, donde aprovechaban las preparaciones transandinas, para mejorarlos competitivamente, aunque los dos del museo fueron preparados localmente en Chile. Tanto en ese país como en Argentina se recuerdan esas carreras entre Fiat y Peugeot por los aficionados a cada una de las marcas.
En otra zona del hangar se encuentran los autos de Sport Prototipo, de finales de los años 60 e inicios de los 70, una categoría que en Argentina alcanzó talla mundial, con autos que en algunos casos llegaron a competir en competencias de talla mundial, valederas para el campeonato mundial. Algunos de esos autos terminaron corriendo en Chile y varios están en el museo.

De entre esos prototipos interesantes hay un Baufer, por restaurar, del que solo se hizo esa unidad, aunque a mi gusto el más interesante es un Liebre III, un auto hecho por Heriberto Pronello en 1968 y que terminó en Chile en manos de Germán Mayo Correa, quien la corrió junto con su hijo hasta fines de los 80.
Junto a la Liebre, está otro gigante del automovilismo chileno, el Mini Cooper de Eduardo Kovacs. Esta dupla fue la sensación de los autódromos y carreteras del sur del continente en los años 60 y 70.

Cuatro autos más modernos engalanan una parte del museo, son un Lancia Delta Integrale, un Porsche 911 GT3 Cup, un Fiat 132 y un Peugeot 306.
Hay un área donde se exhiben los monopostos, con un Maserati como la joya del museo. Es realmente una recreación de un auto que corrió en Chile del que se encontraron los planos originales y se volvió a fabricar, aunque usando un motor de Alfa Romeo, Junto a él hay cuatro vehículos, entre ellos un F4 con motor Fiat Turbo de cuando esta categoría se corría en varios países de Sudamérica. A su lado un monoposto con motor Toyota de la categoría Sport Nacional, una categoría de autos creados en Chile y un F3 Nacional.
Otra joya del museo, que está expuesta, aunque sin la carrocería, es el Fórmula 4 Argentina con el que corrió Eliseo Salazar, el único piloto chileno en haber corrido en la Fórmula 1. Entre 1981 y 1983 disputó 37 grandes premios, con los equipos March, Ensign, ATS y Ram, con un quinto y un sexto lugar, como sus mejores actuaciones. Tras la F1, disputó carreras de larga duración como las 24 Horas de Le Mans, y luego pasó a CART.

También se exhiben los uniformes de carrera, de varios pilotos nacionales de renombre y de algunos internacionales.
Como museo, es una verdadera maravilla, que aun está en proceso de crecer, pues la familia Ortúzar ya prepara un hangar de similares dimensiones para albergar otro grupo de autos, que están en proceso de restauración o adecuación.
Nos comentaron que la mayoría de visitantes, son de escuelas que vienen desde Santiago y no aficionados al automovilismo, pero es parte de la vocación educativa de su propietario, que junto a su familia ha logrado preservar estas máquinas, donde cada una cuenta una historia de pasión, victorias y decepciones, que motivan a los jóvenes estudiantes a ser perseverantes en sus metas para así poder alcanzar la victoria, como en algún momento del pasado, hicieron quienes corrieron estos fantásticos autos.