PORSCHE PANAMERA. UNA NAVE
Cuando me invitaron a Miami a entregar el premio a Porsche Latinoamérica, no imaginaba que iba a poder manejar el auto premiado. La invitación era solo a entregar el premio, pero la sorpresa llegaría después cuando Porsche invitó al grupo a Naples.
Una de las razones del premio al Auto del Año para el Panamera, era que mezclaba a la perfección un deportivismo extremo, con el lujo y la funcionalidad, que le permitían estar tan a gusto en el día a día, como en un “track day”, con la ventaja de ser un cuatro plazas reales.

De entre todas las versiones del Panamera, el máximo exponente es el Turbo, que no solo cuenta con el motor V8 con doble turbo, sino que se apoya en un motor eléctrico, pues es un híbrido enchufable, con lo que disponemos de 680 HP.
Estacionado en la entrada del hotel, es obvio que estamos ante un Panamera, pues su silueta ha cambiado muy poco desde que fue lanzado hace ya 15 años, aunque siguiendo con la filosofía Porsche, cada generación ofrece una serie de cambios sutiles, que lo van perfeccionando, por lo que hay algunos rasgos diferentes, que lo hacen más agresivo, como una tapa de motor con líneas marcadas o las entradas en la defensa, que dicen ayuda en la parte aerodinámica. Quizás lo que más ha cambiado son las luces, que ahora son de matriz de LED, con una mayor iluminación y que atrás van a todo lo ancho del auto.
Abrimos la puerta y el auto automáticamente sube cinco centímetros, para facilitarnos la entrada. Una vez dentro, el asiento y el timón se acercan a nosotros.

Recuerdo haber viajado con la familia, hace unos años, en un Panamera de segunda generación y mis recuerdos del interior no se parecen en nada a los que tengo delante, pues ahora tenemos una gran pantalla curva para la instrumentación, una pantalla central en el tablero y opcionalmente una tercera para el acompañante. Se sigue manteniendo el espacio claustrofóbico, que nos recuerda al 911, pero es algo hecho a propósito por una marca que cuida al detalle la tradición.
Los asientos son comodísimos, envolventes y regulables eléctricamente y como el timón se ajusta también eléctricamente, encontraremos la posición más cómoda, con facilidad y sin importar que tan altos o bajos seamos. Un detalle que me gustó es que el selector de los modos de manejo, va en el timón y es giratorio, con lo que no hay posibilidad de errores, ni hay que quitar la vista del camino para encontrarlo. Ese control nos permite un uso completamente eléctrico de hasta 91 kilómetros, uno híbrido que es básicamente el normal y dos modos deportivos: Sport y Sport Plus.

La consola es plana, limpia y sin palanca de cambios, pues esta va montada en el tablero, con lo que parece que tenemos más espacio disponible. Levantando una tapita, encontramos dos tomas USB y un cargador por inducción para el celular.
Desde la pantalla podemos configurar las aplicaciones habituales de música y comunicación, pero también ajustar muchos elementos del auto, como la suspensión ya que al tener amortiguación de aire, podemos cambiar la altura del auto y la dureza de la amortiguación.
Con 2.95 metros entre ejes, el espacio en la segunda fila es apto para dos adultos, porque aunque se diga que es un auto para cinco, sentar a alguien en el centro es muy difícil pues la consola llega muy atrás porque tiene salidas y controles para el aire acondicionado de esa zona. Lo ideal es la configuración de 4 plazas, con dos asientos traseros que nada tienen que envidiar a los delanteros en comodidad.

La salida de la ciudad la hacemos en modo totalmente eléctrico, de modo que ni contaminamos ni hacemos ruido, pero una vez tomamos la autopista, un giro al modo de manejo y a disfrutar del motor de combustión y de un rugido, que adentro es imperceptible, a no ser que lo pongamos en Sport Plus y apretemos a fondo el acelerador.
Para mi lo mejor del auto es la suspensión. Sobre carretera absorbe perfectamente la vibración que produce pasar por las planchas de concreto y cuando aceleramos o frenamos no hunde el frente o la parte trasera, sino que se mantiene paralelo al piso, con lo que en viajes largos, uno llega completamente descansado. Eso aplica también a los obstáculos citadinos, pues al contrario de lo que la gente piensa, también en Estados Unidos las calles tienen huecos y miles de imperfecciones.
La aceleración, con la combinación de un V8 y un motor eléctrico es brutal, con un 0 a 100 km/h muy cerca de los 3 segundos, con lo que las incorporaciones a las autopistas, se hacen sin pestañear. A la hora de tener que parar un vehículo de más de dos toneladas, capaz de acelerar de esta manera y viajar fácilmente hasta los 315 km/h, sale a relucir la experiencia de Porsche en competición, con unos enormes frenos, ventilados y perforados, capaces de detener al Panamera en distancias irrisorias, con lo que mas que ver al obstáculo adelante hay que mirar por los retrovisores quien viene atrás, no sea que termine chocando con nosotros.

Otro tema es el de los consumos, que de seguro no preocupan al propietario de un auto como este, pero que en el entorno actual es un verdadero campeón de la economía, gracias a poderlo usar mucho en modo eléctrico, especialmente si nos movemos mayormente en la ciudad, con cifras ridículas, sobre todo si tomamos en cuenta las oficiales.
Otra cosa impresionante del Panamera, es que los sistemas electrónicos son tan eficientes, que manejar un auto con este peso y potencia, es una experiencia fácil y placentera. No hace tanto, que manejar un auto con más de 300 HP era tarea de profesionales, pero ahora la electrónica lo hace parece muy fácil, incluso en un auto del doble de potencia como este. Lo otro es que un auto de esos era un caballo desbocado, imposible de usar en un entorno ciudadano y este es como un gatito dócil, que puede ser el auto ideal para llevar a los hijos al colegio, o para disfrutar de un viaje como el que estamos haciendo.
Al llegar al punto de destino, encuentro que el viaje se me ha hecho corto, que he disfrutado como pocas veces y que definitivamente no me equivoqué al darle mi voto al Panamera, como el mejor auto del año en la categoría lujo y desempeño.
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