ROLLS ROYCE PHANTOM II. OPULENCIA EXTREMA

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Bajo un cobertor y a la luz de la luna, se esconde el modelo más nuevo de Rolls Royce, un vehículo que será presentado en minutos y que sin haberlo pensado, podré manejar mañana, pues aunque se suponía que sería solo presentación habrá la posibilidad de una mini prueba de manejo por los alrededores del hotel, ya que vamos a ayudar al fotógrafo en una locación cercana al hotel sede.

Dentro de Rolls Royce, el nombre Phantom es el pináculo de la gama, o en otras palabras su modelo estrella, es en él donde se vuelca todo el conocimiento y artesanía de la marca, para crear un modelo único, que tiene sus orígenes en 1925 y al que le debemos el slogan de la marca por muchos años, que fue: “rodar sobre una alfombra mágica”.

Pocos son los cambios exteriores con respecto a la versión lanzada en 2015 y se centran en una parrilla iluminada, que tiene la parte superior pulida y en unas luces, que en su parte inferior tienen unas luces que imitan el cielo estrellado del interior del auto, una de sus características más importantes. Los rines del Phantom II imitan los de los años 20, con forma de disco y sin aperturas visibles a simple vista.

El interior del auto, al que se accede a través de un espacio enorme, ya que no hay poste central, es para cuatro ocupantes, ya que en el centro del trasero tenemos una consola dividiendo ambos lados, donde tenemos los controles eléctricos del asiento e incluso la posibilidad de mover, desde allí, el del pasajero delantero, de modo que tendremos espacio para estirar completamente las piernas. En la consola tenemos también los controles del sistema de infoentretenimeinto del auto y de las pantallas incorporadas sutilmente en los respaldares de los asientos delanteros que quedan ocultas cuando cerramos las mesitas.

Al tratarse de un auto súper exclusivo y de baja producción, el cliente tiene un número infinito de opciones, tanto de tapicería, materiales, colores y texturas, al punto de que podríamos pedir los asientos forrados en seda, que es una de las opciones. Por lo que el límite a lo que podamos pedir va a depender de cuanto queramos pagar por ello.

El motor es un V12 doble turbo de 6.7 litros con 563 HP, unido a una transmisión automática de 8 velocidades y tracción a las 4 ruedas.

Para una prueba de manejo ya en serio, con un centenar de kilómetros de prueba disponemos de un Gosht, que utiliza el mismo paquete mecánico que el Phantom y cuya mayor diferencia está en el largo de ambos, donde el Phantom es 30 centímetros mayor, que obviamente están mayormente en la distancia entre ejes y en el peso, que en el caso del Gosht es de 500 libras.

Debo confesar que nunca antes había manejado un Rolls Royce, por lo que me sorprendió que al apretar el botón de arranque tuviera la misma sensación de un auto eléctrico, cero ruido y vibraciones. Una ojeada a los instrumentos que parecen salidos de un auto de lujo de los 50, me confirma que el motor arrancó. Lo otro es que una vez toco la pantalla de instrumentos me doy cuenta que son digitales, dentro de una pantalla de tan alta resolución, que me engañó por completo.

Un botón en el tablero me permite cerrar la enorme puerta del conductor, pongo “D” en una palanquita de diseño vintage, detrás del timón y estoy listo para manejarlo.

Este es un auto intimidante, más que nada por sus dimensiones, con un ancho exagerado. Desde el puesto del conductor, tenemos un capó interminable, donde el “espíritu del éxtasis” nos permite ver donde termina el auto. Hacia atrás la cosa es más complicada, ya que sin la ayuda de las cámaras es imposible ver donde termina. Hay que recordar que estoy en un auto que mide 5.55 metros y que en la versión Phantom sube a los 5.86.

Todo en el interior es clásico, desde las salidas del aire acondicionado, hasta el enorme timón. Solo un control giratorio en la consola  desde donde se controla el sistema de infoentretenimiento, nos devuelve a la realidad, de que manejamos un auto actual.

A pesar del impresionante caballaje del motor y un torque de 900 Nm, este auto es todo menos un deportivo. No hay la sensación de que vamos rápido, todo sucede con extrema suavidad, aun cuando apretemos el pedal a fondo. Es como estar en una cápsula hermética, cero ruidos y cero vibraciones. Para eso la suspensión es una obra de arte e ingeniería, con amortiguadores hasta en los brazos de suspensión, y un sistema de radares, que lee el camino y prepara el auto para el obstáculo que estamos a punto de pasar, con lo que realmente la sensación es de flotar sobre la carretera.

Esa sensación es tan engañosa, que me descubrí circulando casi al doble de las 70 mph, permitidas en California, lo que demuestra también que se puede ir muy rápido y el auto seguirá siendo silencioso. Ya a menor velocidad, probé a bajar la ventana a ver si escuchaba el ruido del motor, pero no pude escucharlo.

El Gosht y en su versión más lujosa, el Phantom II, son autos extraordinarios, que cumplen con la promesa de la marca, de autos silenciosos, cómodos, rápido, seguros y extremadamente caros, pues como dijo Royce la perfección no es poca cosa.