VOLKSWAGEN KOMBI 1955. RENACER DE LAS CENIZAS

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El ave fénix, en la mitología griega, era un águila única, que al morir se consumía por el fuego para luego volver a renacer. Algo así es la historia de esta Kombi, cuyo dueño la restauró completamente para en uno de sus primeros viajes, quemarse por completo. Cuando todo el mundo daba por perdido el vehículo, Omar Camero, su propietario decidió que no lo iba a dejar morir y se embarcó en una segunda restauración hasta dejarlo en el estado actual.
La afición de Omar, por las Kombi, vienen de su época escolar, donde viajaba en una de ellas al colegio. Luego, su afición a restaurar autos antiguos lo ha llevado a tener 17 de estos vehículos, siendo este el último que ha devuelto a la vida, aunque en este caso han sido dos veces.

La historia de Volkswagen tiene un cierto parecido con el de esta Kombi, pues nacido en la Alemania de Hitler y tras destruirse la fábrica durante la guerra, un militar británico decidió reconstruirla y empezar a fabricar el “auto del pueblo”. Una vez produjo ganancias, e incluso exportando gran parte de su producción, la marca con todos sus activos fue devuelta al estado alemán, que lo convirtió en una empresa mixta, con capital particular y estatal.
En 1947, mientras negociaba ser distribuidor del “escarabajo” en los Paises Bajos, Ben Pon, vio un vehículo usado para el transporte interno en la planta de Wolfsburg y hecho sobre la base de un Tipo 1 (así se conoce internamente, en Volkswagen, al escarabajo) y se le ocurrió que con ciertos cambios se podía usar como un vehículo de transporte. Dice la leyenda, que en la noche, durante la cena, dibujó en una servilleta como debía ser el vehículo y el resto es historia.
El cambio a que la marca pasar a ser nuevamente alemana, permitió hacer los primeros prototipos, que resultaron un fracaso desde el punto de vista aerodinámico, por lo que la escuela técnica superior de Braunschweig, encargada de las pruebas, sugirió un frente y una parte trasera más redondeada con unas nervaduras laterales que se unían atrás y cubrían la totalidad del vehículo, para darle mayor resistencia.

El 8 de marzo de 1950 salía el primer Tipo 2 de la línea de producción equipado con un motor de 4 cilindros, refrigerado por aire, con 25 HP, montado en su parte trasera y con una capacidad de carga de 760 kilos. Las primeras versiones estaban todas pintadas en azul y si alguien lo quería de otro color, era el distribuidor quien se encargaba de hacerlo. El primer año lograban vender 8,059 unidades.
Un año después, Volkswagen presentaba en el Salón de Frankfurt al Samba, la versión de pasajeros del Tipo 2, con tres filas de asientos y capacidad para 8 pasajeros. Con la aparición de esta segunda versión del Tipo 2, el público empezaba a llamarla Bulli en Alemania y Kombi en el resto del mundo.
La idea de Pon era brillante para un continente que se recuperaba de los estragos de la guerra y necesitaba un vehículo de transporte económico, espacioso, de bajo consumo y fiable. La Kombi cumplía con todos los requisitos y por eso fue un éxito instantáneo.
Tanto fueron sus ventas, que Volkswagen tuvo, en 1956, que mudar la producción a una nueva fábrica en Hannover que contaba con una capacidad para fabricar 750 Kombis por día. Un año más tarde, inauguraban una fábrica en Brasil, donde también producían la Kombi.
Tras 17 años de producción, con mínimos cambios, la introducción de varias versiones adicionales, como pick up y camper y 1.8 millones de Kombis vendidas en todo el mundo, la T1 dejaba paso a la T2, que presentaba muchas mejoras con respecto al modelo anterior en seguridad, espacio y potencia.

Este Kombi, llegó hace muchos años a Panamá, procedente de México y lo compró un conocido de Camero, quien lo tuvo por muchos años en David transportando pan. Su actual propietario intentó comprarlo en varias ocasiones y finalmente logró la compra, trasladándolo a Panamá, donde empezó a restaurarlo en un taller en Arraiján, hasta llevarlo a su estado original, aunque con algunos cambios en el interior, para un uso más apropiado a las necesidades de su propietario. El mecánico que había reparado el motor, lo tenía en su poder, para arreglar unos detalles, cuando en la autopista de La Chorrera, empezó a oler humo y apenas detuvo el auto, este se incendió, quemándose completamente. Tras varios meses, Camero, decidió volver a repetir el proceso y tras casi dos años de trabajo, el auto volvió a su estado original, con un nuevo motor, totalmente reconstruido y con una serie de accesorios cromados, un interior personalizado, donde todo el cielo raso es hecho en laminas de madera, pero conservando el resto original, aunque con unos rines de los años 70.

Es un vehículo que se usa a menudo, por ello tiene una serie de accesorios de la época, como una parrilla superior y un toldo enrollable. Un vehículo que aun cumple con el cometido original de ser un transporte de carga y pasajeros, eficiente, fiable y de bajo consumo.